Reporte de la CIDH

¿Cómo afecta la violencia a las mujeres periodistas? La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) es clara: si la violencia ha elevado los riesgos para ejercer el periodismo, cuando de mujeres se trata, ésta adopta formas específicas que deben prevenirse y enfrentarse desde una perspectiva de género (PEG).

El reporte “Mujeres periodistas y libertad de expresión” (2018), presentado la semana pasada, expone las condiciones en que trabajan las periodistas en las Américas, con énfasis en América Latina. Éstas son similares a las de sus compañeros, con el agravante de que la discriminación y la violencia por razones de género se materializan en desigualdad salarial y laboral, acoso, violencia sexual y amenazas dirigidas no sólo contra ellas sino también contra sus familias,  en particular sus hijas e hijos.

Una de las formas de discriminación más evidentes es la brecha salarial que afecta a periodistas en todo el mundo. Recordemos a Carrie Gracy, corresponsal en China de la BBC, quien el año pasado renunció a su puesto al enterarse de que ganaba menos que su colega corresponsal en Estados Unidos. Gracias a una ley de transparencia británica y a jueces que se toman en serio la igualdad, las periodistas pudieron conocer las arbitrariedades de la escala salarial y Gracy ganó su caso, de modo que la empresa tuvo que pagarle la diferencia acumulada y ella retomó su trabajo.

Las brechas salariales también son comunes en América Latina. A ellas se suman la menor participación femenina en presentación de noticias, la menor cobertura de temas relacionados con la vida de las mujeres en todo tipo de medios (29%), y condiciones de trabajo contrarias al equilibrio con la vida personal. Si la desigualdad laboral afecta a quienes trabajan en los medios, la reproducción de estereotipos de género en éstos daña a la sociedad: suponer que las mujeres sólo pueden ocupar puestos menores o tratar temas “suaves”, marginar a indígenas y afrodescendientes implica desperdiciar talentos y dar una pésima educación informal para el público. No informar acerca de temas como la salud de las mujeres, su papel en el trabajo, los deportes, la migración... restringe nuestro conocimiento del mundo. Peor resulta este desequilibrio en un país como México donde se acumulan notas sobre feminicidio, a menudo revictimizantes.

Un problema muy relevante en el contexto actual es la frecuencia del acoso laboral y sexual que enfrentan las periodistas. Antes de las denuncias del #MeTooMx, un sondeo de Periodistas Unidas Mexicanas a 392 trabajadoras de medios reveló que 73% habían sufrido acoso laboral y sexual. El reporte de la CIDH indica que éste es un problema común en América Latina, donde las periodistas son blanco de maltrato verbal (63%), psicológico (41%), violencia física (11%) por parte de jefes, colegas, fuentes, funcionarios, además de ciberacoso (44 por ciento). Para las comunicadoras indígenas, el riesgo es aún mayor.

La CIDH propone también recomendaciones para gobiernos, empresas, plataformas en línea, universidades y sociedad civil. Los primeros, como es evidente, deben tomar medidas de prevención, hacer cumplir las leyes y asegurar que los mecanismos de protección sean efectivos, con funcionarios capacitados en enfoque de género. Las segundas deben proteger y apoyar a las trabajadoras en riesgo, apegarse a códigos de conducta profesional respetuosos de los derechos de las mujeres y crear y/o cumplir con protocolos para la atención de denuncias de acoso y violencia sexual, entre otras. Las plataformas virtuales a su vez deben facilitar las denuncias de violencia, y tomar en cuenta “las preocupaciones de comunidades que han enfrentado los peligros de la censura y la discriminación”.

Resulta sin duda paradójico que universidades y empresas que, en principio, valoran la libertad de expresión, pasen por alto los factores que minan el trabajo de sus estudiantes o colaboradoras. Este reporte ofrece medidas útiles para eliminar estas contradicciones.

@luciamelp

LucíaMelgar

Crítica cultural

Transmutaciones

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).