Ante la embestida de Donald Trump en contra de México, basada en su propia personalidad y en información en general inexacta, por no decir falsa, ha surgido un movimiento en nuestro país llamando a la unidad nacional, concepto en mi opinión se caracteriza por ser falto de contenido y que en gran medida ha resultado en el resurgimiento de un nacionalismo trasnochado, patrioterismo pues, y que en algunos casos recuerdan a los 70 del siglo pasado. El gobierno del presidente Peña trató de apropiarse de este sentimiento de enojo con un discurso en el cual no dijo nada relevante excepto el de ser el líder , que defenderá la soberanía nacional en contra de Masiosare, ese extraño enemigo , acompañado de un spot en radio que puede resumirse en: Nadie en el mundo como los mexicanos; somos unos chingones que nada ni nadie amedrenta ; ridículo.

Sin duda Trump representa una amenaza para México (y el mundo en general) por su visión racista, misógina, xenófoba y su personalidad narcisista. En el caso de México en particular, su posición puede resumirse en tres elementos: renegociar el TLCAN y en el extremo salirse del mismo, la construcción de un muro que de alguna manera México pagaría y la amenaza de deportar a todos los mexicanos que son indocumentados.

Respecto del TLCAN, no se sabe a ciencia cierta qué es lo que quiere renegociar Trump. Es cierto que éste requiere modernizarse para incluir temas que quedaron fuera en el acuerdo vigente, pero también es claro que Trump y su equipo parten de premisas falsas y de no reconocer las ganancias regionales que el tratado ha generado. La posición de México en esta renegociación debe partir del objetivo gana-gana y establecer desde el inicio que no se está dispuesto a aceptar una en la cual nosotros perdamos.

En cuanto al muro fronterizo, la idea es ridícula. No detendría ni la migración ni el flujo de drogas. Igual de ridícula es la idea de que México pague por el mismo; finalmente, Trump no está consciente de los costos en los que incurriría la economía estadounidense de cumplir su amenaza de deportar a los inmigrantes indocumentados.

Dado lo anterior y estableciendo con claridad la posición de México vis a vis con el gobierno de Trump, en lo interno hay que darle contenido al llamado para la unidad nacional. Tres aspectos destacan. Primero, exigirle al gobierno que ahora sí emprenda una lucha contra la corrupción. Hasta ahora, a pesar de la nueva legislación que dio lugar al Sistema Nacional Anticorrupción, en la práctica no se ha hecho casi nada. La posición de México en el Índice de Percepción de Corrupción (123/176, con una calificación de 3/10) es vergonzante. La corrupción es un juego de suma negativa que impacta negativamente sobre la inversión y el crecimiento.

Segundo, exigirle al gobierno una verdadera consolidación fiscal con una visión de largo plazo. Las finanzas públicas siguen siendo estructuralmente débiles y eso nos pone en una situación de vulnerabilidad. Es imperativo exigirle al gobierno una mayor eficiencia y eficacia del gasto público.

Tercero, exigirle al gobierno (en sus tres niveles) que reduzca significativamente los costos regulatorios a los que se enfrentan los agentes económicos privados. Exigir una regulación que incentive la creación y crecimiento de empresas formalmente establecidas que derive en mayor inversión, mayor creación de empleos formales y mayores salarios.

La amenaza que Trump representa es la oportunidad de hacer ahora lo que en el pasado no se quiso hacer. El destino nos alcanzó.

ikatz@eleconomista.com.mx