Este sería el tipo de decisiones a las que John Bolton se opondría: mientras se investiga la ciberguerra rusa en nuestras elecciones; se despliegan sanciones de Occidente en contra de Moscú por el envenenamiento del exespía ruso en Reino Unido; mientras las tropas rusas apoyan a Irán en Siria; y cuando Rusia todavía ocupa parte de Ucrania, el presidente de Estados Unidos, de rodillas débiles, invita al presidente ruso, Vladimir Putin, a una cumbre.

¡Indignante! ¡Transmite debilidad! ¡Muestra miedo e indecisión! Sí, ese es el nuevo jefe de John Bolton (asesor de seguridad quien sustituye a H.R. McMaster).

“Cuando nuestros presidentes dialogaron a través del teléfono (20 de marzo), fue Trump quien propuso organizar la primera reunión en Washington, en la Casa Blanca”, publicó la agencia rusa RIA Novosti. Las palabras son de un funcionario ruso de apellido Ushakov.

De lo anterior se desprenden algunas preocupaciones.

¿Por qué los rusos conocían sobre la reunión pero el Congreso y la sociedad estadounidense, no?

Uno recuerda el tête-à-tête de Trump con funcionarios rusos en la Casa Blanca, donde periodistas rusos, pero no estadounidenses, fueron admitidos brevemente. Como su yerno Kushner, quien conoció a funcionarios rusos para tratar sobre la apertura de un canal de comunicación secundario, pero no lo sabían nuestras agencias de inteligencia.

Otro elemento que preocupa es el desprecio con el que Rusia trata la oferta de Trump para reunirse; la imagen de Trump es arrastrada por un mandatario extranjero. “Las relaciones entre Moscú y Washington han dado un paso más tras la intoxicación del exespía ruso Sergei Skripal en Gran Bretaña. Debido al ambiente, dijo Ushakov “es por supuesto difícil discutir la posibilidad de celebrar una cumbre”.

Finalmente, conviene no olvidar que asesores de Trump le recomendaron no felicitar a Putin por su victoria. ¿Por qué lo hizo?