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Trump, T-MEC y los anarquistas
El proceso para un desafuero (impeachment) y posible destitución de Trump es largo y difícil. Se está apenas en la primera fase. La denuncia de Pelosi de traición al juramento de su cargo y violación a la Constitución será analizada por seis comités de la Cámara Baja y, al final, se votaría en el pleno si procede el juicio de desafuero. Para ello se requiere 51% de los votos. La probabilidad de que esto suceda es alta.
Luego, es en el Senado donde se llevaría a cabo el impeachment presidido por el presidente de la Corte Suprema. Se requiere 67% de los votos para destituir al presidente. Con una mayoría republicana, se vería complicada la aprobación. Además, no hay que soslayar que Trump seguramente construirá una imagen de víctima ante su amplia base electoral. Sin embargo, la destitución no es imposible, dependiendo de la gravedad de los resultados que arroje la investigación, pues varios republicanos antepondrían su patriotismo y la salvaguarda del prestigio del cargo presidencial a su lealtad a Trump. En la historia de ese país, sólo ha habido dos juicios de desafuero a presidentes: a Clinton en 1999 y Andrew Jackson en 1868. En ningún caso se logró la mayoría para la destitución. Nixon renunció en 1974 antes de encaminarse a un juicio político.
En México, de manera apresurada, diversos comunicadores y analistas se volcaron a decir que una víctima del impeachment sería la posposición de la aprobación del T-MEC. Si bien hay simpatía para la salida de Trump pues cesarían las presiones migratorias y de aranceles y demás acciones de bullying hacia México, han mencionado que la no aprobación del tratado este año impediría la reactivación de la ya deprimida inversión, del comercio; por ende, del crecimiento del PIB. Yo difiero. Tenemos ya muchos meses esperando la aprobación y como el actual TLCAN sigue vigente, posponerlo no ha impedido seguir exportando. Las exportaciones manufactureras en enero-agosto crecieron a una saludable tasa de 5.1 por ciento. Y la inversión no pende de la aprobación del T-MEC. El obstáculo a la inversión hay que explicarlo más bien con las ya conocidas malas políticas públicas de este gobierno que no fomentan la certidumbre jurídica para invertir. El presidente se empeña en boicotear la inversión. El último ejemplo fue la semana pasada, cuando ante los desmanes delincuenciales de la turba que con violencia atacó comercios y edificios del centro histórico, expresó: “esas acciones no son anarquismo, son conservadurismo (sic); el anarquismo es un movimiento profundo en ideales, productivo y propositivo”. El diccionario define el anarquismo como “ausencia de poder público, doctrina que propugna por la supresión del Estado”. ¿Es eso lo que defiende López Obrador? Con o sin T-MEC, ese tipo de acciones ahuyenta la inversión.

