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¿Tiene estrategia la cuarta transformación?
El contenido y tono del discurso del primer (¿o tercer?) informe de gobierno de López Obrador era previsible. Pero la retórica nos hace reflexionar sobre si realmente hay una estrategia de construcción de la cuarta transformación (4T). También nos reafirma los principales rasgos de lo que es el peculiar estilo de gobernar del mandatario.
El escenario utilizó toda la tramoya de los clásicos informes del priismo más recalcitrante. Para que no quedara duda de una rectoría del Estado centrada en una presidencia unipersonal, el presídium fue López Obrador, nadie más. Su gabinete en primera fila, como obedientes súbditos, muy aplaudidores. Con una imagen pulcra muy cuidada —cosa rara— López Obrador soltó a diestra y siniestra cifras y aseveraciones, de las cuales muchas son difíciles de comprobar y otras son mentiras llanas. Algunos ejemplos: “hemos logrado desaparecer prácticamente el huachicol, el robo de combustible se ha reducido 94%” (¿respaldo de esa cifra?); “no existen en el mundo oficinas de promoción como Proméxico” (mentira); “por primera vez en 14 años detuvimos la caída progresiva de la producción de petróleo” (falso); “en los primeros siete meses, según el IMSS, se han creado más de 300,000 nuevos empleos” (falso); “se crearon 100 universidades” (¿evidencia?, ¿dónde?); “la Bolsa de valores subió 2% desde que asumí el cargo” (falso). El aplauso a los migrantes por enviar más remesas al país fue patético; denota su desconocimiento del fenómeno migratorio y la de los receptores.
Continuó con su diatriba de que “no lo medimos todo con el simple crecimiento económico, pues lo fundamental no es lo cuantitativo, sino la distribución equitativa de los recursos”. Pero con un crecimiento del PIB de 0.2% (en el primer semestre) no hay mucho que distribuir. El buen deseo de López Obrador de alcanzar un México más incluyente no se logrará por voluntarismo. La 4T carece de un plan y estrategia definida. No sólo se requiere de un buen diagnóstico, sino que integrar un plan estratégico se hace con base en las causas. Pero como lo señala Luis Rubio en su excelente nuevo libro (Fuera máscaras), López Obrador tiene una propensión a atacar síntomas y no causas, con lo que es más probable que “pretenda convertir su legitimidad en apoyo clientelar que en la razón de una transformación estructural que ataque causas profundas del estancamiento”, tanto económico como social.
Así que todavía estamos en espera de una visión de transformación integral y coherente que sustituya ocurrencias, obsesiones y prejuicios ideológicos que son lo que, hasta ahora en gran medida, ha generado un errático quehacer gubernamental. De persistir en ello, continuará la incertidumbre y la desconfianza para la inversión, con lo cual difícilmente México saldrá de este estancamiento.