Cuando se cursa la materia de Análisis y Evaluación de Proyectos un principio básico para determinar la viabilidad de un proyecto es realizar un análisis costo-beneficio y el cálculo de la tasa interna de retorno (TIR). Esta última estimación es la que determina la rentabilidad financiera de, por ejemplo, un plan de inversión en infraestructura. Por sus decisiones y declaraciones, se nota que ni la secretaria Nahle ni el secretario Jiménez Espriú jamás han cursado dicha materia. Por ello resulta irresponsable encargarlos de dos grandes proyectos, Dos Bocas y Santa Lucía, que no son producto de una debida planeación y evaluación sino de un obsesionado capricho presidencial.

El último fiasco fue declarar desierta la licitación sobre el proyecto de Dos Bocas donde participaron compañías extranjeras muy experimentadas. El 22 de marzo el mismo López Obrador declaraba: “No hay la experiencia suficiente en las empresas mexicanas (...) entonces ¿quién tiene la experiencia?” Dijo que por eso convocó a cuatro empresas extranjeras con amplia experiencia mundial en construir refinerías. Pero al declarar desierta la licitación, el presidente explicó que todas las empresas se pasaron en sus cálculos ya que dijeron que no sería posible hacer dicha obra por 8,000 millones de dólares en tres años. No faltaron los que ridículamente manifestaron que las empresas mostraron avaricia neoliberal e inflaron el costo para su propio beneficio. Pero estas compañías de gran experiencia simplemente consideraron que las condiciones de la licitación eran una fantasía. La reacción inmediata del presidente fue encargar el proyecto a Pemex y la Sener bajo la coordinación de Nahle. “Me canso ganso que la van a hacer con ese presupuesto y en ese tiempo” nos espetó. Instruyó que la obra inicie ¡el 2 de junio! ¿Cómo? ¿De verdad? Sin proyecto detallado, sin conocer la TIR, sin calendarización de gasto, sin una proyección de su operación, sin saber su impacto ambiental, sin saber cómo se seleccionarán a los contratistas (ya lo imaginamos, serán los cuates, fue ¿plan con maña?). No hay nada (al menos público).

Involucrado directamente en este proyecto, Pemex se hundirá todavía más. López Obrador no quiere darse cuenta de que la empresa está en el filo del escalón a la baja de las calificadoras. Y es muy probable que arrastraría a la deuda soberana. Las implicaciones serían graves: aumento en el costo de la deuda, caída drástica de la inversión, del PIB y depreciación cambiaria lo que no dejará otra opción más que el Banco de México reaccione con severas alzas de tasas de interés.

El proyecto de Santa Lucía va encaminado al mismo derrotero: sin planeación y encargando al Ejército de su construcción cuando tiene nula experiencia para hacer aeropuertos comerciales. No hay manera de que se construyan exitosamente Dos Bocas y Santa Lucía. Los sueños de infraestructura del presidente se pueden convertir en su lamentable “Waterloo”.