Las decisiones y políticas implementadas en materia migratoria por el presidente Trump tienen efectos en la seguridad de nuestro país. Para nadie es nuevo que Estados Unidos y México cuentan con mecanismos y acuerdos de trabajo conjunto en materia de seguridad y que, a través de planes como Iniciativa Mérida, nuestro vecino influye de este lado. Tal es el caso de planes antidrogas y la reestructura e intento de privatización “a la gringa” de nuestras prisiones en la época de Calderón o el equipamiento antimigrante con Peña, entre otros.

A pesar de que de manera histórica la visión de la Unión Americana prevalece, México ha logrado involucrar algunos temas en la agenda, como la construcción de capacidades, la consolidación del nuevo sistema de justicia penal y la prevención social del delito. A un año de la llegada de Trump, corremos el riesgo de que ese unilateralismo se profundice y empeore sin nada a cambio. Muestra de ello es la puesta en marcha de maquinarias biométricas y de control migratorio. Compartir en tiempo real, además de información en materia de seguridad, la identidad, características y bases de datos de miles de centroamericanos y migrantes con Estados Unidos y tener a cambio un presidente que criminaliza, utiliza y viola constantemente los derechos humanos de nuestros connacionales, no debe suceder.

La construcción de un muro o el endurecimiento de la frontera con medidas más estrictas y un mayor número de agentes de patrulla fronteriza y de policía migratoria, ICE, aunado al incremento en peticiones de asilo y refugio en nuestro país, ponen sobre la mesa presiones importantes de este lado de la frontera  que pueden traducirse en repuntes de violencia y en la reconfiguración de mercados en los quer actúan criminales. Los riesgos para México de seguir la agenda estadounidense y trumpista es que se fortalezca la visión dura y punitiva de la seguridad. También puede distraernos de nuestros problemas en materia de seguridad, como la reducción y contención del delito de manera integral y mecanismos en contra de la corrupción, por atender las prioridades de control migratorio y terrorismo para nuestro vecino.

Además, la modificación de los flujos migratorios, como las poblaciones varadas en la frontera y aquellos que retornan y no encuentren oportunidades, puede impactar en un aumento de la economía informal y en el uso, por parte del crimen, de los que transitan y de menores no acompañados que resultan presa fácil y útil para ciertas tareas de la cadena delictiva.

Para evitar los efectos negativos de las políticas y prioridades de Trump, además de contar con una política bilateral firme y negociaciones en paquete que visibilicen el apoyo que México da a EU en la frontera sur y en materia de seguridad, debemos implementar acciones más contundentes en contra del tráfico de armas que hacía nuestro país se da. También, debemos consolidar políticas integrales, diferenciadas y flexibles, con especial énfasis y recursos en la franja fronteriza y zonas que absorben el fenómeno migratorio en sus distintas caras, en otras palabras, un modelo empático de retorno y recepción, que ponga el acento en la reintegración social, educativa y económica de los que regresan y de los que, ahora, ante lo que sucede en Estados Unidos, se quedan por acá.

*Coordinadora de Agenda Migrante.