Ha habido demasiado debate en los últimos años sobre si los motores eléctricos son mejores en su totalidad que los motores de combustión. Evidentemente si comparamos un motor de combustión con un motor eléctrico, las ventajas al menos desde el punto de vista ecológico son claras y evidentes, salvo quizá por el aún indefinido problema de los residuos que generan las baterías inservibles de estos motores. Si bien, una parte importante de estas baterías se puede reciclar otra parte de ellas es un residuo peligroso el cual podría tener un impacto ambiental significativo. El propósito de este artículo no es debatir sobre si el motor eléctrico es mejor o peor, sino cuestionar en qué punto evolutivo nos encontramos en el presente y preguntar si realmente estamos viviendo la muerte del motor de combustión.

La idea de tener un coche eléctrico siempre ha sido un tanto increíble, no sólo desde el punto de vista ecológico sino también desde el punto de vista tecnológico. Los coches eléctricos cuentan con ventajas prácticas como preferencia al estacionarse, puntos de recarga en zonas urbanas y evidentemente el gran prestigio de ser un ecologista en ruedas. Sin embargo, como todo en la vida nada en realidad es tan bonito como suena y existen algunos factores a considerar en el momento en el que decidamos deshacernos de nuestro vehículo de combustión.

El primer factor y probablemente el más importante es el financiero. Para darnos una idea, en Estados Unidos, donde el mercado de autos eléctricos es bastante más maduro y no sólo una moda ostentosa, un auto compacto es 40% más costoso que su contraparte de combustión interna y un auto mediano es 60% más caro. Ahora bien, los beneficios de estos autos son claros, por ejemplo, un auto compacto genera -23% de emisiones de Co2 mientras que el mediano eléctrico -19 por ciento. Hasta aquí podríamos decir que si nuestro bolsillo nos lo permite la muerte del motor de combustión es inminente. Sin embargo, la historia no termina así, un coche para la mayoría de la gente es una representación de un estilo de vida y lamentablemente al día de hoy las opciones eléctricas son muy reducidas. Algunas marcas inclusive sólo tienen un modelo eléctrico, por ejemplo, Ford ofrece tres modelos y Nissan únicamente uno; mientras que Tesla, el fabricante por excelencia de autos eléctricos, tiene siete modelos. Por lo que, si te gustan las opciones todavía no es el momento para cambiar a un auto eléctrico.

Otro factor importante a considerar el cual como consumidores es de poca relevancia es el costo total de propiedad. Es decir, al cabo del tiempo útil de vida del vehículo cuánto vamos a terminar pagando. El costo total de propiedad de un vehículo eléctrico hoy en día es 44% más alto que el de un vehículo similar de combustión. Si ha esto le añadimos 44% de incremento en el costo inicial del vehículo, la carga financiera extra por ser ecologista es muy cercana a 50%, lo cual para la mayoría de los mexicanos es una barrera gigante de adquisición.

Sin embargo, si nos enfocamos en que los principales beneficios de un motor eléctrico son ambientales, y hablamos sobre cómo un vehículo eléctrico ayuda a reducir la emisión de gases dañinos para el ser humano, la decisión sería muy clara. Por un lado, utiliza energía renovable, la cual reduce aún más la emisión de gases greenhouse y, por otro, muchas estaciones de carga hoy en día usan energía solar para generar energía eléctrica que carga los vehículos. Se utiliza una gran cantidad de materiales eco friendly para la producción de estos autos y un gran ejemplo de esto es el Ford Focus eléctrico el cual está fabricado con materiales reciclados y ecológicos en un porcentaje importante del auto. También todo el interior y gran parte de la carrocería del Nissan Leaf es fabricada con materiales verdes reciclados, como botellas de agua, bolsas de plástico, piezas de vehículos viejos y aparatos electrodomésticos de segunda mano.

Otro beneficio importante es la tecnología de seguridad que la gran mayoría de estos autos incluye. Estos vehículos salen con sensores de cercanía, asistencia para mantener el vehículo en el carril, cámara de reversa estándar, así como muchas otras funcionalidades que sólo encontramos en autos premium.

No obstante, mientras los gobiernos no valoren el beneficio del cambio del parque vehicular urbano a vehículos eléctricos y establezcan los respectivos subsidios para su adopción, la muerte de los vehículos convencionales de combustión se ve como algo inminente pero aún muy lejano.

No se necesita ser Julio Verne ni Nostradamus para visualizar un futuro en donde los coches no sólo tengan cero emisiones sino la última tecnología que permita de forma autónoma transportar a personas de un punto a otro sin tocar nunca más un volante, pero éste será motivo de otra columna.