No es por ser irrespetuosa con el presidente Adolfo Ruiz Cortines, que en próximos días celebra su cumpleaños de muerto (el 3 de diciembre, para ser más cierta).

El asunto es que en mis años de primaria había un concurso en el salón—iba yo en segundo, creo— que trataba de aprenderse todos los presidentes de México, desde Guadalupe Victoria hasta Carlos Salinas Recortari (le decían así a De Gortari porque nadie como él se entregó a recortar el presupuesto y privatizar las empresas del Estado).

No gané el concurso, pero siempre recordaré a Adolfo Ruiz Cortines porque yo lo llamaba “Ruiz Cortina”. Me parecía chistoso. Soy una simplona.

La verdad es que Ruiz Cortines ha sido uno de los presidentes de más bajo perfil que hemos tenido. Su grisura se compara con la de Crispín Barrera, reportero que salió años en la tele y nadie recuerda.

A Ruiz Cortines le tocaron los años 50, pleno desarrollo estabilizador. El crecimiento de la clase media, en especial la de la Ciudad de México. Creció tremendamente la población. Después de ser un país devastado por la Revolución, con Ruiz Cortines el país comenzó a levantarse. No digo que haya sido mérito de él (cosa que dudo) sino que esa era la inercia del país.

Y pensar que fue el presidente de la infancia de mis padres, así como el Chupacabras Salinas y el tecnócrata de cabecera Zedillo fueron los míos. Cambios económicos de dos generaciones,

[email protected]