El miércoles, la Reserva Federal (Fed) elevó la tasa de interés en 25 puntos base. Esto refleja que está satisfecha con el comportamiento de la economía, que la percibe cercana al pleno empleo y que pronto la inflación se ajustará a su objetivo de 2 por ciento.

Asimismo planea tres aumentos de tasas en el 2017, bajo el supuesto de que un crecimiento económico mayor al potencial y una tasa de desempleo por debajo de su nivel de equilibrio de largo plazo no van a generar presiones inflacionarias.

Sin embargo, dado que la próxima administración planea una fuerte expansión fiscal, la Fed podría verse obligada a desviarse de sus planes y optar por una respuesta más agresiva.

El impacto de corto plazo de una expansión fiscal dependerá de cuánto crecimiento contribuya a generar por el mayor y mejor uso de recursos. El dilema para la Fed será subir las tasas de interés para contener la inflación, aun cuando la economía no esté creciendo a los niveles esperados. No obstante, es poco probable que permita que la inflación aumente por encima de su objetivo, sabiendo que esto puede ser altamente contraproducente si se daña su credibilidad.

Por el contrario, si la capacidad ociosa es elevada y las medidas que se adoptan tienen altos multiplicadores, como el gasto en infraestructura local y estatal, la expansión fiscal podría resultar en un mayor crecimiento económico sin generar forzosamente presiones inflacionistas. En este caso, la Reserva Federal podrá subir las tasas de interés sin demasiada prisa e incluso apoyar la expansión en un entorno de bajos tipos de interés y estabilidad de precios. Por ahora, los mercados parecen comprar una combinación de ambos escenarios. Esto sería consistente con que si bien hay cierto grado de capacidad ociosa, es limitado.

En el sector industrial, es factible incrementar la producción en alrededor de 60,000 millones de dólares, sin favorecer la inflación, lo que representa poco menos que 0.4% del Producto Interno Bruto. Asimismo, en el mercado laboral es posible incrementar el empleo hasta niveles que favorezcan un aumento del Producto Interno Bruto de entre 0.3 y 0.7 por ciento.

Aunque algunos indicadores sugieren que es posible aumentar el uso de recursos, es difícil justificar que es el mejor momento para implementar una política fiscal agresiva. De hecho, ahora que la economía está cercana al pleno empleo, una mejor opción para la política fiscal es la prudencia, su saneamiento y prepararse para poder responder efectivamente cuando ocurra el siguiente ciclo. Si esto no es un objetivo aceptable políticamente, entonces al menos las medidas fiscales deberían ir encaminadas a tener un impacto de mediano y largo plazo.