Hubiera sido imposible imaginar hace un año que los líderes del Partido Republicano se convertirían en una especie de facilitadores de la interferencia rusa en el sistema político de Estados Unidos. Sorprendente, ese es el papel que está jugando actualmente dicho partido.

Los servicios de Inteligencia estadounidenses han declarado que el gobierno ruso interfirió en la elección presidencial del 2016 con la intención de influir en los resultados. Conociendo la prudencia con la que actúa la comunidad de Inteligencia y la exigencia de la sociedad estadounidense sobre la necesidad de llevar a cabo una investigación acuciosa es necesario presentar pruebas contundentes, amplias y totalmente transparentes.

No hay que olvidar cuál es el problema más importante: la posibilidad de que determinados individuos del círculo de Trump se reunieron con funcionarios rusos y si esas reuniones fueron significativas.

Sobre este entorno hipotético hay que plantear la siguiente pregunta: ¿Rusia pudo cambiar el rumbo de los votos en las elecciones presidenciales? Esta pregunta no es política, tiene que ver con la seguridad nacional. Si el gobierno ruso intervino en los procesos electorales de los Estados Unidos del año pasado, entonces tiene la capacidad de hacerlo en las elecciones porvenir. Ésta es un arma poderosa y peligrosa, mucho más que buques de guerra o tanques.

Recordemos que ni Rusia ni a cualquier adversario tiene el poder suficiente de dañar el sistema político de Estados Unidos con armas de guerra. Pero al crear dudas acerca de la fiabilidad y validez de las elecciones, se puede agitar el sistema hasta sus cimientos.

Habrá elecciones en Holanda, Francia, Alemania y posiblemente, Italia. ¿Estará presente Rusia en algunas de ellas?