Después de tres años y medio de haber desaparecido de la pantalla, el programa de análisis político de Televisa conducido por el doctor Leopoldo Gómez, Tercer Grado, volvió a ser noticia. En un relanzamiento que resultó una grata noticia para quienes hemos disfrutado del profesionalismo de los periodistas que lo condujeron como el de sus invitados, Tercer Grado escogió nada más y nada menos que a Andrés Manuel López Obrador como su primer invitado para esta segunda temporada.

Al parecer, parte de la audiencia de Televisa, acostumbrada al periodismo de Joaquín López Dóriga o Carlos Loret de Mola, quienes pueden ser etiquetados como periodistas del establishment, esperaba un bullying organizado en contra de AMLO y ver sangre correr por las pantallas. Para sorpresa de ellos y de muchos más, la entrevista transcurrió mansamente y sin grandes emociones.

Difiero de aquellos quienes inmediatamente culparon a los periodistas y los tildaron de mansos o sometidos. Si bien es cierto que las encuestas siguen mostrando clara ventaja a favor del candidato de Morena, resulta inmaduro suponer que periodistas de la talla de los anteriores, o a decir de José Antonio Meade en el mismo programa, “puros genios”, se hayan alineado con quien tiene altas oportunidades de ganar hoy.

No obstante la lista de pendientes que tiene aún por aclarar, ¡ojo!, esto no quiere decir que entre ellos no haya quien sienta simpatía por él e incluso le dé su voto el próximo 1 de julio.

Si bien el programa nos dejó con ganas de más, creo que esta poca satisfacción de parte de un segmento de la audiencia se debió más a la falta de tiempo para hacer más preguntas o insistir en respuestas claras, que a un sometimiento por parte de los entrevistadores. Incluso, más que ser una causa imputable a la presunta complicidad de los periodistas con el candidato, obedece más a la retórica mesiánica y evasiva que Andrés Manuel ha sabido dominar y utilizar a su ventaja. La estrategia que López Obrador ha utilizado es muy similar en sus tres grandes apariciones en los últimos meses. La primera fue la entrevista que condujo Carlos Marín en Milenio TV, la segunda fue el primer debate televisivo y ahora en esta aparición en Tercer Grado.

A diferencia de Anaya o Meade, López Obrador no tiene prisa por demostrar quién es y destruir a sus adversarios. Para fortuna de él, ellos lo han hecho solos. También tiene una clara ventaja sobre ellos, pues el electorado lo conoce, sus posibles trapos sucios fueron ventilados ya hace 12 años y tampoco ha sido sujeto de mayores escándalos de corrupción o fraudes. A diferencia del 2006 y 2012, López Obrador se muestra confiado y astuto, domina la charla, con pausas ordenadas, respuestas repetitivas y bien ensayadas e incluso ocurrencias humorísticas o cantinflescas que le permiten aligerar el ambiente y sumar simpatías del electorado.

Esta semana, Raymundo Riva Palacio en El Financiero, Leo Zuckermann en Excélsior y Joaquín López Dóriga en Milenio, quienes participaron en el programa Tercer Grado del jueves pasado, dedicaron sus columnas a lo que claramente se antoja como críticas a las contradicciones y falta de propuestas y respuestas por parte del candidato.

Lo que también queda claro de este ejercicio periodístico es lo siguiente:

1) La televisión abierta sigue siendo el medio preferido por los mexicanos para ver este tipo de programas.

2) El músculo de Televisa sigue teniendo mucha fuerza en lo que se refiere a noticieros. Esto se debe en gran parte a la trayectoria y solidez de su equipo de periodistas.

3) Las encuestas siguen favoreciendo a Andrés Manuel y si nada extraordinario pasa, él será nuestro próximo presidente. Valdría la pena, por el bien del país, poder contar con las respuestas que aún están pendientes de su parte y así acabar con los miedos y las incógnitas que todavía persisten.

aaja@marielle.com.mx

Antonio Aja

Columnista

Showbiz