El reto es mayor, no basta con tener un mayor grado de escolaridad, también se requiere una mayor calidad de la educación

En general, los padres esperan que sus hijos logren tener mejores oportunidades y una mejor calidad de vida que ellos. Esta posibilidad se mide a través de la movilidad intergeneracional. Existen numerosos estudios sobre dicho fenómeno, pero uno de los más recientes es el reporte generado en el 2018 por el Banco Mundial.

A la pregunta: ¿qué requiere mi hijo para vivir mejor que yo?, la respuesta es contundente, una mejor educación de calidad. Mayor educación les permite tener un mayor ingreso y mejores oportunidades. En los resultados observados, las personas que provienen de familias con menor educación serán más propensas a permanecer en los menores niveles de educación.

En las familias de mayor pobreza sólo la mitad de los niños menores a tres años acude a la escuela, mientras que en las que tienen mayores ingresos acude hasta 90 por ciento. También en los jóvenes existen diferencias importantes, ya que sólo 20% de jóvenes que son de escasos recursos con un promedio de edad de 21 años estudia, mientras que los de mayores ingresos, 60 por ciento.

En México como en América Latina, las personas ahora alcanzan mayores niveles de educación que sus padres, esto refiere a que ha habido una mejora en lo movilidad intergeneracional. Sin embargo, para que los años invertidos en educación haga una diferencia real en el ingreso de las personas, se requiere concluir un nivel educativo completo; es decir, un año más de preparatoria no tiene un impacto relevante, concluir la preparatoria sí.

El reto es mayor, no basta con tener un mayor grado de escolaridad, también se requiere una mayor calidad de la educación. En el caso de los países latinoamericanos, a pesar de que muestra grandes progresos en las últimas décadas en relación con los niveles de escolaridad alcanzados, la baja calidad limita la movilidad económica que sí se alcanza en otros países con una mejor calidad educativa.

Los estudiantes de Latinoamérica tienen un comportamiento diferenciado al resto del mundo, en esta región se observa que los estudiantes obtienen un rendimiento académico ligado más al nivel socioeconómico al que pertenecen.

Otro punto a considerar es la inclusión laboral temprana, ésta puede clasificarse como un factor que reduce la posibilidad de que un individuo mejore su nivel económico. Sólo 12% de los que terminaron la universidad trabajó antes de los 16 años, mientras que uno de cada tres con secundaria concluida trabajó antes de 16 años.

En el caso de México, las estadísticas indican que siete de cada 10 mexicanos nacidos en pobreza permanecerán en esa condición. Sin embargo, el país ha mostrado mejoras importantes en los últimos 50 años, se ha incrementado la cobertura de la educación y hoy tienen una mayor oportunidad de alcanzar niveles superiores de educación.

El camino por recorrer todavía es largo, pero, en definitiva, brindarles mayores oportunidades a los niños permitirá construir una sociedad en donde sus aspiraciones y esfuerzo se traduzcan en bienestar para ellos y sus familias.

La responsabilidad social debería entenderse como un compromiso que involucre a todos los individuos de la sociedad y no sólo a las empresas. Invertir en la educación es una buena opción. En el mercado de fondos existen productos de responsabilidad social de corto plazo con los que además de obtener rendimientos, un porcentaje del interés devengado se destina al fomento de la educación de niños y jóvenes mediante becas.

Claudia Pavón Navarrete es VP market intelligence en BBVA Asset Management.

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