Las expectativas con relación a México convergen en la interrogante sobre el crecimiento. Los agentes económicos asumen que se puede mantener el esquema que ha brindado estabilidad

Pero una trayectoria de recuperación en el Producto Interno Bruto (PIB), se vuelve dependiente del incierto contexto global y de la restitución de confianza por parte de las autoridades, ambos asuntos no parece que vayan a jugar mucho a favor.

Este año, el PIB de México cerrará con un crecimiento cercano a cero. La simple extrapolación de lo sucedido en los tres primeros trimestres del año y el escaso cambio que hay en las condiciones en las que se ha navegado apuntan a que durante este trimestre se mantiene el estancamiento.

Sin embargo, hay señales de que el entorno restrictivo del primer semestre no se repetirá.

Por un lado, en el entorno global parece haber un punto de inflexión en la debacle del sector manufacturero. Los indicadores de percepción de los gerentes de compra relativos a noviembre se ubican aún en una zona de contracción, pero mejoraron sus niveles contra los meses previos.

Como le mencionaba la semana pasada, existe la percepción de que las fuertes políticas monetarias expansionistas generarán algo de tracción la dinámica de la industria manufacturera.

A ello también puede colaborar la idea de un acuerdo inicial entre Estados Unidos y China que modere las amenazas sobre el comercio mundial.

Con esto en mente podemos asumir que el crecimiento levemente positivo en el sector manufacturero se puede sostener. Por su parte, es poco probable que se llegue al objetivo de 1.9 millones de barriles diarios en la producción de petróleo, pero hay también indicios de avance en los siguientes meses y es de suponerse que habrá una trayectoria de mejora en dicho renglón, lo que aportará a no ver el descenso de los últimos años en la industria de extracción.

Asimismo, la debacle del sector de construcción podría moderarse por los anuncios del plan de inversión en infraestructura y por la incipiente mejora que se observa en el sector de construcción residencial.

Por último, la restricción presupuestal que se vivió en este año tendrá otra tónica. Si bien el gobierno no tendrá recursos para detonar mas inversión, creemos que sí aterrizará con más fuerza las transferencias de dinero a través de programas sociales que, junto con el excelente crecimiento en las remesas y mayor estabilidad en el empleo pueden mantener al consumo.

Dicho todo esto, se puede otorgar confianza a los pronósticos de los analistas e inversionistas que dicen que México podría crecer entre 1 y 1.5% en el 2020. No es nada para presumir, ni tampoco algo que se sentirá mucho en los resultados de las empresas o en la economía de las familias, pero la base de donde se parte permite validar el supuesto.

En cuanto a las variables financieras, se espera que el esquema de ajuste con el que cuenta la economía y que el gobierno ha mantenido sin cambios continúe en función. De este modo, la disciplina fiscal, el ajuste de las cuentas externas, la flexibilidad del tipo de cambio y las acciones del Banco de México podrían permitir que la mayor parte del año próximo veamos un tipo de cambio con movimientos moderados, una inflación cercana a su objetivo y una tasa de interés que podría bajar.

En este último punto hay que tener claro que si el Banxico ejerce reducciones a la tasa de referencia (que hoy se ubica en 7.5%) a un ritmo cauteloso, podríamos cerrar el 2020 con tasas de interés de corto plazo entre niveles de 6 a 6.5 por ciento.

Ello significa que persistirá una diferencia muy grande con las tasas en el exterior, en donde no se considera que cambien las posturas monetarias de los bancos centrales vigentes en la actualidad.

Puede haber buenas noticias como la ratificación del T-MEC que mejoren la percepción sobre las inversiones en México. Pero también puede haber momentos adversos, ya que el presidente Trump estará en campaña y nuestro gobierno tendrá que lidiar con los temas como la inseguridad.

Pero si lee o escucha que el inicio del 2020 puede mantener la misma tónica de estabilidad en las variables financieras, considere que es posible. El problema de la economía de México se centra en cómo recuperar crecimiento, ahí seguiremos a la expectativa.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede enviarlo en Twitter: @invexbanco

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