De repente y sin justificación aparente, el tipo de cambio del peso frente al dólar se ha desplazado de nuevo al alza. La interpretación de la mayoría de la gente es que el deterioro de las condiciones de riesgo país es elevado y el horizonte para la economía se antoja difícil. Es correcto

Hay también, sin embargo, una explicación temporal ajena a las vicisitudes de nuestra economía. Entre ambos polos, podemos anticipar que el tipo de cambio seguirá siendo volátil y apuntando a niveles altos por un buen tiempo.

Empecemos por lo segundo. La idea de una interrupción de la imposición de tasas de interés más altas en Estados Unidos estimuló a las bolsas en el entorno global, redujo el riesgo en el mercado de bonos y debilitó al dólar contra la mayoría de las monedas, tanto desarrolladas como emergentes.

Hoy día, existe una ventana de optimismo con la presencia de expectativas ligeramente mejores sobre el rumbo de las negociaciones entre Estados Unidos y China, así como por la posibilidad de que el gobierno norteamericano no aplique otro cierre de sus actividades, algo que se espera para después de este viernes.

La definición aparente de las cosas apunta a una continuación de la revaluación de los precios de la mayoría de los activos en Estados Unidos y a un fortalecimiento del dólar.

De este modo, estamos en presencia de una trayectoria de alza de las bolsas, de baja de tasas y de cambios de ópticas con relación al contexto internacional.

Si se logran acuerdos con China y no se cierra el gobierno, o bien, si no hay eventos desfavorables adicionales, es posible que los rendimientos positivos persistan y el dólar manifieste mayor fortaleza.

El movimiento de los últimos días de fortaleza del dólar ha sido generalizado. Está de más decir que el peso-dólar es de las cotizaciones más volubles si se presentan movimientos de flujos hacia o desde mercados emergentes. Sin embargo, hasta el momento la ventana de optimismo no ha beneficiado a los mercados emergentes.

No sabemos si este efecto es temporal, la vuelta a noticias adversas podría revertir el movimiento de alza del dólar.

Ahora bien, existe la debilidad estructural en México. Es menos tangible, pero es un hecho que en las conversaciones entre inversionistas el tema de la poca perspectiva que presenta la economía ante las políticas del nuevo gobierno es el predominante.

Hay mucha incertidumbre. Al mismo tiempo hay declaraciones que parecen ir en contrasentido de los mercados.

Ante una situación de menor crecimiento en el país, los planteamientos hechos sobre los cambios en el sector energético y que involucran a empresas que cotizan en bolsa han añadido pesimismo en los últimos días. Los inversionistas locales vuelven a cuestionar una apuesta a favor de México y por ende del peso.

Por esta razón, la bolsa de México presenta retrocesos en contraste con la mayoría de bolsas globales. La inquietud en el sector privado sobre el debilitamiento estructural de México parece que no se va a disipar, porque aparentemente no forma parte de la agenda del gobierno.

Entonces, la situación en el ámbito local condicionará el comportamiento de las variables sin importar los episodios de optimismo en el entorno global. Eso es lo que sucede ahora. Lo malo es que coincidencias negativas como ésta pueden ser el común denominador de un tipo de cambio crónicamente débil.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de Invex. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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