En su obra The moral consequences of economic growth (2005), Benjamin M. Friedman afirmó: Cuando a la gente se pregunta qué tan bien cree que está, casi siempre responde comparando su vida con algún tipo de punto de referencia .

Recientemente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dio a conocer la actualización de su Better Life Index (11 tópicos relacionados con el bienestar de las personas: vivienda, ingreso, empleos, comunidad, educación, medio ambiente, compromiso cívico, salud, satisfacción con la vida, seguridad y equilibrio trabajo-vida).

Entre 36 naciones, México resultó muy mal en tres aspectos: ingreso, educación y seguridad; en cambio, no así en satisfacción con la vida.

La felicidad puede medirse en términos de la satisfacción con la vida, la presencia (ausencia) de experiencias y sentimientos positivos (negativos). Tales medidas, subjetivas, son útiles para comparar la calidad de la vida en los países.

La satisfacción con la vida mide cómo la gente evalúa su vida como un todo, más que sus sentimientos actuales.

Entre cero y 10, México obtiene una calificación de 6.9 (el promedio de la OCDE es 6.7) mientras que ocupa el lugar 18; el máximo puntaje corresponde a Dinamarca (7.8) y el mínimo, a Hungría (4.9).

Portugal, Grecia, Italia y España están debajo de México; Irlanda está cerca de nuestro país.

La felicidad no se obtiene con dinero, pero éste es un medio para mejorar el nivel de vida y, por lo tanto, el bienestar.

La mayor riqueza económica también permite el acceso a educación, salud y vivienda de calidad.

El ingreso disponible neto de los hogares de Irlanda, Italia y España es mayor que el promedio de la OCDE; el de Portugal es 1.7 veces el de México y el de Irlanda, 2.2.

La riqueza financiera de los hogares de Portugal, España, Irlanda y Grecia está debajo del promedio de la OCDE, pero supera a la de México (la de Grecia es 1.5 veces la de México).

Además, la desigualdad social en México es mucho más grande que en los otros cinco países.

En el terreno educativo, México está debajo de los países antes mencionados. Por ejemplo, su porcentaje de población de 25 a 64 años de edad con estudios equivalentes de preparatoria es 35, mientras en Portugal es 30 y en Irlanda, 72.

Finalmente, en la seguridad las cosas tampoco favorecen a México: estamos en la posición 36 en asaltos y en la 35 en homicidios.

Pero el miedo al crimen es menos generalizado en México (72% de las personas se siente seguro de caminar a solas en la noche) y España (73%), que en Portugal (49%), Grecia (51%), Italia (58%) e Irlanda (70 por ciento).

En la semana previa, la OCDE también dio a conocer sus pronósticos económicos y el libro Better skills, better jobs, better lives: a strategic approach to skills policies, a los cuales me referiré próximamente.

En este último se dice que, sin las competencias correctas, las personas permanecen al margen de la sociedad, el progreso tecnológico no se traduce en crecimiento económico y los países no pueden competir.

Sin embargo, la coexistencia de profesionales desempleados y empleadores que afirman que no encuentran a las personas con las competencias necesarias revela que las competencias no se traducen automáticamente en mejores resultados económicos.

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