La participación que Estados Unidos, Inglaterra y Francia ha tenido desde finales de la década de 1940 en el tema ambiental para impulsar la concientización, la organización civil, social, institucional y gubernamental con mecanismos y acciones de protección y cuidado del medio ambiente ha sido fundamental para permear en el resto del planeta una sensibilización creciente hacia el tema del cuidado de los recursos naturales.

Varias décadas después y para dar enfoque a la preocupación ambiental, la ONU crearía en 1983 la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo en la que recae el Informe Brundtland de 1987.

Inicialmente se llamó Our Common Future (Nuestro Futuro Común), donde se define y formaliza el concepto de desarrollo sostenible, que propone reconciliar el crecimiento económico, los recursos naturales y la sociedad.

La realidad es que nunca como hoy la esperanza de que las nuevas generaciones puedan obtener conciencia clara de que el futuro nos alcanza todos los días había sido tan prometedora como la que se abre en el marco del segundo milenio de vida de este mundo.

A mí me entusiasma escuchar las conversaciones de niños y jóvenes enseñando, difundiendo, instruyendo y hasta regañando adultos que aún no toman conciencia de la importancia de los recursos naturales. Ese cambio de chip generacional es alentador para imaginar que esas nuevas generaciones estarán más ocupadas que las anteriores en conservar su capital natural; que con educación podemos “plantarlas” en el compromiso de un mundo mejor.

El tema de la sostenibilidad es nuevo, pero pujante, cada vez más difundido, pero parcialmente concientizado y muy limitado en el conocimiento de aquellas acciones que pueden llevarse a cabo para lograr la sostenibilidad a partir de la identificación de las características y el grado de vulnerabilidad que existe en el entorno social y medioambiental.

Combatir y adaptarse a los efectos del cambio climático, reducir el número de emisiones contaminantes, identificar los proyectos que más benefician e impactan a los ecosistemas y a las comunidades necesitan, además, una movilización de recursos financieros gigante para la construcción de la infraestructura necesaria que permita llevar a cabo cambios en los sistemas de producción y uso de los recursos.  Necesitamos de grandes inversiones. Los recursos públicos como única opción para enfrentar ese cambio son siempre insuficientes para lograrlo.

En la siguiente parte quiero compartirle, lo que instituciones de gran experiencia y conocimiento en el sector agroalimentario hacen para fomentar la inversión financiera en favor del desarrollo sostenible y el cuidado de nuestro medio ambiente.

*Cecilia Arista Alanís, es especialista de la Subdirección de Promoción de Productos y Servicios de FIRA y conductora de EL PODCAST DE FIRA. “La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA”.

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