El presidente mexicano revela que desde hace dos semanas se encarga de autorizar viajes.

Tal parece que en el México de hoy ser internacionalista o hablar de diplomacia genera una densa sospecha. La ecuación gubernamental ha introducido variables como “derroche”, “corrupción”, “desinterés”, “neoliberal”, “imperialismo”, “la mejor política exterior es la interior”, “¿para qué está el Internet?”.

Al presidente López Obrador le genera orgullo impedir que funcionarios viajen “desde París hasta Japón”. Ayer lo dijo.

Desde hace dos semanas, cualquier solicitud de viaje al extranjero por parte de la burocracia pasa por su escritorio. De 100 solicitudes autorizó una quinta parte. El resto deberá usar Internet. Al menos se trata de una conjetura, pues el presidente remató con una pregunta: “Entonces, ¿para qué está el Internet?”.

Sorprende que el presidente asocie viajes con deshonestidad. Atención con lo que dijo: “Di a conocer recientemente un memorándum para que los viajes al extranjero contaran con la autorización del presidente. Saben que ese memorándum se dio a conocer hace 15 días, ya en este gobierno nuevo, de mujeres, de hombres honestos, conscientes”.

Viajar por cuestiones de trabajo revela a un conjunto de funcionarios inconscientes, deshonestos y pillos. “Yo entiendo, es importante viajar y tener comunicación, pero ¿y el Internet? Y el trabajo aquí, cómo vamos a ser candil de la calle y oscuridad en la casa, pero son inercias, son procesos, tienen que ir cambiando las cosas”, dijo el presidente.

El 13 de mayo el presidente ya había mencionado lo del “candil de la calle”. Lo hizo sin decidir sobre su asistencia en Japón para participar en la cumbre del G20. “Lo estoy analizando, estoy viendo porque estoy ocupado de tiempo completo en atender los asuntos nacionales”.

Bajo esta lógica, Emmanuel Macron tendría que quedarse en casa hasta que solucione la irrupción de los chalecos amarillos; Theresa May, arreglar el Brexit; Macri, la crisis económica, y así el resto.

La solución de los problemas de México también involucra al mundo. Pero apostar al etnocentrismo genera aplausos en el país. Sin comercio internacional, muchos países desaparecerían. La aportación de David Ricardo a través del modelo de las ventajas comparativas es un claro ejemplo.

El presidente mexicano pide que en lugar de viajar se use Internet. Como si las negociaciones de un acuerdo, por ejemplo, se pudieran hacer a través de una sala de telepresencia de Cisco o a través de un chat vía WhatsApp.

Es triste para cualquier internacionalista, más allá de ideologías políticas, realizar una proyección sobre la mirada etnocéntrica del presidente. ¿Para qué ir al G20 si lo vincula con la tecnocracia?

¿Para qué viajar a la capital de la Unión Europa, Bruselas, si es un ente supranacional donde cada país miembro entrega parte de su soberanía?

¿Para qué viajar a Naciones Unidas si hay problemas en México?

Asociar los viajes internacionales de trabajo con actos de deshonestidad va a generar a mediano plazo una degradación de México en el mundo.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.