La noche del 19 de febrero de este año pasará a la historia por varios motivos. No sólo por haber sido testigo de la primera vez que el Atalanta calificaba a los octavos de final de la UEFA Champions League, también porque el partido en esa ocasión contra el Valencia CF se transformaría en una auténtica bomba de tiempo que, con el paso de los días, derivaría en un gran número de contagios de Covid-19, algunos de los cuales, morirían o en el mejor de los casos, serían ingresados en un hospital.

Ante la imposibilidad de jugar en Bérgamo debido a que el estadio no cumple con los parámetros requeridos para la competición, muchos aficionados locales se desplazaron a la cercana Milán a presenciar el trascendental partido. Allí pasaron el día y convivieron con los seguidores españoles que habían hecho lo propio para alentar a su equipo.

Según reportes de prensa, más de 45, 000 espectadores poblaron las tribunas del mítico San Siro sólo para divertirse esa noche y después recluirse en sus casas. Al regresar, no sólo se llevaban la alegría de la victoria sino el virus que más tarde terminaría cambiándoles la vida a ellos y a los habitantes de su ciudad. A partir del 4 de marzo, 15 días después del partido, la curva de infectados por el coronavirus empezó a dispararse en Bérgamo y sus alrededores, convirtiendo a esta población en una de las más afectadas por la epidemia en toda Italia.

Más de siete meses han transcurrido desde aquella fecha y este fin de semana vuelve el público a algunos estadios de la Liga MX. Aguascalientes y Mazatlán serán testigos de cómo las tribunas locales empezarán a poblarse de fans que quieren volver a sentir la emoción del futbol en el estadio y no a través de la televisión.

Sin embargo, no parece que hayamos aprendido la lección después de todo lo que hemos vivido este año atípico. Al salir a las calles, es habitual observar a personas sin cubreboca o haciendo mal uso de éste, sin guardar la sana distancia o simplemente haciendo caso omiso de las recomendaciones de permanecer en casa.

Si lo observado en la vía pública es el reflejo de cómo somos en la sociedad mexicana, ¿porqué pensar que los asistentes a los estadios este fin de semana serán distintos y acatarán sin chistar los protocolos establecidos por la Liga y cuya ejecución y supervisión corre por cuenta de cada club?

¿Acaso los fans necaxistas y mazatlecos observarán las medidas que se les impongan al ingresar al Victoria y al Kraken?, ¿permanecerán en los lugares asignados sin moverse de ellos, harán uso del cubreboca durante todo el partido?, ¿mantendrán la distancia sin tener ningún tipo de contacto físico a lo largo de los 90 minutos del juego?

Ojalá que estas preguntas encuentren una respuesta afirmativa y que colaboren, no sólo para aliviar las atribuladas arcas de los equipos, sino para que a principios de noviembre, -paradójicamente cerca del Día de Muertos- Aguascalientes y Mazatlán no se vuelvan la versión mexicana de Bérgamo.

El autor es especialista en mercadotecnia deportiva con más 20 años de experiencia como columnista y conferencista. Actualmente colabora como profesor de mercadotecnia deportiva en la Escuela de Ciencias del Deporte de la Universidad Anáhuac México.

@FcoSanJose

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