El secretario de Salud ha borrado de un plumazo a los pediatras que sí están atendiendo a niños con Covid-19 al recomendar tés y vaporub. Ah, y paracetamol. Con eso y que dejen de molestar a los adultos porque están trabajando y porque él a sus nietos no los vacunaría ni aunque tuviera dosis de Pfizer de más en las bodegas. 

Sin embargo, hay información suficiente para advertir que la decisión debería ser, por lo menos, discutida entre pares. La Organización Mundial de la Salud ha respaldado, con sensatez diría yo, las estrategias de vacunación de los países a los que no les sobran dosis. Lo mejor es que todos estén vacunados, pero si no se puede, pues como se vaya pudiendo y con atención a lo urgente. Ya saben, lo urgente nunca deja tiempo para lo importante.

Así, en nuestro país comenzamos con la población de alto riesgo. Eso sucedió en el primer trimestre del año pasado. A la fecha, sólo el 58% de la población mexicana tiene dosis completas (antes del refuerzo), a los adolescentes les ha tocado una sola dosis, los maestros ya quedaron desprotegidos por el tiempo que ha pasado desde que se les puso la Cansino y más de 15 millones de menores de 11 años están totalmente indefensos. Bueno no, dirá el secretario, a ellos no les da nada o les da una gripita, y si les duele el pecho pues que se los froten con pomadas olorosas. 

Médicos de la Academia Mexicana de Pediatría opinan diferente. El doctor Guillermo Yanowsky, coordinador de la estrategia de Covid Kids en el Hospital Civil de Guadalajara, me cuenta que la información internacional ya es robusta y es posible atender a la evidencia para decir dos cosas con toda seguridad: a) que la población pediátrica no está exenta de tener problemas por Covid y b) que la vacuna en niños es segura y no sólo los protege a ellos.

Primero, es cierto que el sistema inmunológico de los menores ha demostrado ser más eficiente ante el virus y ya se sabe que el 80% de los niños que contraiga la enfermedad no tendrá síntomas o no tendrá síntomas graves. Ese porcentaje no es nada malo, es genial. Pero no es el 100 por ciento. Un 20% lo puede pasar mal. Un 5% necesitará oxígeno. ¿Cuánto es eso? En el Hospital Civil de Guadalajara hubo, durante 2021, 150 niños hospitalizados. Así que sí, la mayoría no tendrá problemas pero no, no todos salen igual del contacto con el virus. 

Lo más preocupante, me explica Yanowsky, es que el 15% de los casos asintomáticos registrados en niños, tienen secuelas. Nunca sufrieron por tos, o diarrea o dolor de garganta, pero meses después llegan al hospital con problemas que requieren atención. Entre las secuelas la que más preocupa es la de un síndrome grave conocido como síndrome inflamatorio multisistémico. 

Entonces sí, la realidad es que el sistema inmunológico de los niños les permite cursar la enfermedad de Covid-19 con mucho menos problemas que los adultos. Sólo 2 de cada 10 se sentirá mal y sólo 2 de cada 15 tendrá secuelas.  Eso nos permite vivir sin miedo, pero nos obliga a tomar precauciones. 

La vacuna para niños ha sido probada y aceptada, con una dosis menor a la que requieren los adultos. En México, sin el concurso de otras autoridades en el órgano colegiado competente, una persona ha decidido que no tiene objeto comprar millones de dosis para mexicanos que, él cree, no lo necesitan. El gobierno federal debe adoptar ya una estrategia para proteger a toda la infancia porque a) está claro que no todos están a salvo y b)  todas las enfermedades transmisibles que se han detenido, todas sin excepción, se han detenido vacunando a los menores.

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.

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