Por muy buenas razones, la acrobacia mediática de Sean Penn le ha merecido la rechifla y el abucheo de serios periodistas, intelectuales, comentócratas y hasta de un Nobel de Literatura. Vargas Llosa en su columna reciente y otros sesudos comentaristas tienen razón en desnudar el intelecto adolescente del activista hollywoodense al presentar el lado romántico de figuras tan nefastas como la de Fidel Castro.

En su artículo publicado en Rolling Stone, Sean Penn comete pecados indefendibles contra el buen periodismo que han sido ampliamente denunciados. Resaltar su aventura personal para lograr la entrevista puede ser visto como una banalización del periodismo, que, como sabemos, se ha convertido en una profesión de riesgo extremo que ha costado la vida a periodistas que investigaban apropiadamente la actividad de los narcos.

El actor también incurre en negligencia al presentar el drama personal del narcotraficante que, de manera intencional o no, invita a simpatizar con las circunstancias y carencias que según él lo orillaron a tomar la ruta criminal como única alternativa para sobrevivir.

Por si fuera poco, el artículo ofrece al lector espacio para considerar que, comparados con la corrupción y los crímenes cotidianos que se cometen desde el poder, los del Chapo podrían no ser tan terribles.

Quizá lo más criticable e irritante desde el punto de vista periodístico es el no haber confrontado al entrevistado sobre las numerosas muertes y actos de brutal violencia que pesan sobre su cabeza. Al aceptar la respuesta de yo sólo me defiendo , el actor se aleja por mucho de presentar a los lectores una imagen objetiva. El Chapo tiene deudas impagables con la ley y con la sociedad.

Con la aplastante evidencia de ligereza y mal juicio en contra del autor de la entrevista, queda desatendida la interpretación económica que encierran algunos de los pasajes que han sido poco comentados.

Con Chapo o sin Chapo, la prohibición de las drogas seguirá costando muchas vidas de periodistas, policías, militares, narcotraficantes y observadores inocentes; pero, además, se desperdician cuantiosos recursos a cambio de nada. Desde el punto de vista económico, la prohibición y la guerra contra el narco resultan en una protección efectiva a sus bandas hegemónicas.

Destinar más y más recursos a perseguir narcotraficantes garantiza que sólo los más violentos prevalezcan.

[email protected]