En esa fuente de sabiduría popular que son los memes, el otro día me topé esta perla: “Veo gente en los restaurantes, en la playa, viajando, haciendo reuniones… y yo estoy sentado en mi casa, como si hubiera una pandemia”. Y es que cada uno con sus datos:  hay quienes siguen guardados y a muchos otros el encierro no les llegó ni a la primavera. 

Salvo el caso de las personas que no tienen opción, hablo de los millones de ciudadanos obligados a salir porque sus necesidades y responsabilidades así lo demandan, en general se cumple aquel pronóstico que al inicio de la pandemia lanzó el profesor Ido Erev, presidente de la Asociación Europea para la Toma de Decisiones: frente a situaciones de alto riesgo, la mayoría de las personas responde con exageración al principio. Sin embargo, en no mucho tiempo, la mayoría supone que nada le sucederá, desestima el peligro, se relaja y deja de tomar las precauciones adecuadas.

Se conjugan muchos factores para decidir la intensidad de las medidas sanitarias que cada uno pone en práctica. Lo subrayo otra vez, empezando por quienes no tienen alternativa pues no salir a trabajar significa dejar de comer. Pero también existe en buena parte de la población una amplia dosis de escepticismo frente al riesgo, indolencia y falta de conciencia. Incluso, lo cual me parece escandaloso y reprochable, se considera que la responsabilidad es de todos, menos nuestra. Así lo deja claro la Encuesta sobre el Covid-19 que desde mayo lleva a cabo el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

No podía creer el resultado. La encuesta del MIT consulta a personas de las principales ciudades latinoamericanas si la responsabilidad para evitar el contagio del Covid-19 es más propia, compartida o del resto. La mayoría de los países oscilaron sus respuestas entre la responsabilidad de cada individuo y la responsabilidad compartida. Pero México no: aquí pensamos que la responsabilidad es prioritariamente del resto. “De todos menos mía”, respondimos con descaro.   

Por eso no me sorprendió que esta encuesta muestre a prácticamente un tercio de los mexicanos a quienes el riesgo del virus les parece “moderado, escaso o ninguno”. Algo similar a lo que cabría esperar sobre el peligro de contagiarse de una gripa.

La percepción de muchos mexicanos sobre la pandemia también se refleja en la reciente encuesta de Enkoll, realizada a propósito del Segundo Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum. Este ejercicio arrojó que, al menos, un tercio de la población no usa cubrebocas ni respeta la sana distancia. De igual manera, nos dice que a casi la mitad de la población el riesgo de contagio le parece mínimo, escaso.

Como lo acaba de recordar Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas, la pandemia “sigue estando fuera de control, con casi un millón de muertes por la enfermedad”. Que nos hayamos hartado de la pandemia no significa que lo peor haya pasado ni mucho menos otorga un salvoconducto para romper las medidas sanitarias.

Sin duda, se entiende que cada quien sus circunstancias y su libertad. En cualquier caso, en lo que sí debería haber consenso es en la responsabilidad compartida. De lo que yo haga o deje de hacer hoy depende la recuperación de nuestro país. Sí, también con respecto a la pandemia. 

Vicente Amador

Maestro en Comunicación

Historias que se cuentan

Consultor de Comunicación, Asuntos Públicos y Estrategia Política.