Los viajes de las Mariner nos dieron un conocimiento incalculable de los planetas interiores del Sistema Solar (Mercurio, Venus y Marte, llamados así por estar dentro del Cinturón de Asteroides). Pero el viaje que sería la culminación de un programa espacial que costó más de 550 millones de dólares –unos 5,000 mdd hoy en día– fue el de la Mariner 10, la mejor y más completa sonda espacial que la tecnología podía darnos, cuyo viaje la llevó principalmente a explorar Mercurio, un logro que no se repetiría en más de 30 años.

Mariner 10 fue lanzada del Centro Espacial Kennedy (sí, el de Cabo Cañaveral) un 3 de noviembre de 1973 y alcanzó el planeta enano casi cinco meses después, tras haber orbitado y fotografiado Venus y alcanzando el primero de los múltiples hitos que lograría en su  breve vida útil: fue la primera sonda espacial en visitar dos planetas, y la primera también en utilizar el tirón gravitacional que ejercen todos los cuerpos celestes sobre objetos de menor tamaño, como las sondas espaciales, para cambiar de rumbo y aumentar su aceleración rumbo a Mercurio, lo que convierte el suyo en el primer vuelo con asistencia gravitacional, una maniobra que se volvió herramienta común en posteriores viajes de exploración.

Una vez alcanzado su destino en Mercurio, Mariner 10 permaneció en una órbita sobre el planeta, realizando tres viajes de reconocimiento sobre él y cartografiando más del 57% de su superficie (sólo podía tomar fotografías de la cara iluminada) a lo largo de 18 meses. En medio de los dos últimos sobrevuelos, en 1974 se detectó un fallo en los sistemas de control de altitud de la M10, teniendo que utilizar el poco propelente que conservaba para tratar corregir su rumbo, lo que ponía en riesgo el correcto acercamiento final a Mercurio.

Los científicos y técnicos del Control de Tierra, desesperados por no perder el control de la sonda, decidieron usar un último recurso y dirigir los paneles solares de la M10 como si fueran una vela solar logrando corregir el rumbo lo suficiente para completar satisfactoriamente la misión. Esto convirtió a la Mariner 10 en la primera nave espacial en probar el concepto de vela solar, que hoy en día consiste usualmente en una capa monomolecular o sumamente delgada de material reflector que utiliza el “viento solar” como un velero aprovecha el viento, sistema utilizado en algunas sondas espaciales aún en misión, otro hito en la historia del pequeño octágono de magnesio que (aún) es la sonda.

La foto que nos adorna es una tomada por las cámaras de alta resolución de la Mariner 10 a unos dos y medio millones de kilómetros de distancia de casa. Es (por supuesto) la primera fotografía tomada de la Tierra y la Luna juntas jamás vista, una muestra de las más de 10,000 imágenes que la sonda tomaría de la Luna, Venus Mercurio y la primera vez que podíamos ver  casi enteramente el punto azul cubierto de agua que es este planeta nuestro; y es sólo una muestra de la completísima colección de fotografías que el Jet Propulsion Lab de la NASA pone a disposición de cualquiera que visite el sitio photojournal.jpl.nasa.gov, pudiendo ser ordenadas por programa, misión, planeta o satélite. También cuenta con diferentes recursos de astronomía disponibles en español.

El 19 de marzo de 1975 después de su tercer sobrevuelo sobre Mercurio, donde tomó miles de espectaculares fotografías que nos revelaron la verdadera apariencia e historia del primer planeta, el combustible de la M10 se agotó finalmente, y el Control de Tierra apagó el transmisor de la sonda. Además del conocimiento sobre los planetas interiores que la Mariner 10 les dio a los científicos del mundo, se volvió un modelo a seguir en cómo preparar futuras misiones espaciales aprovechando los recursos existentes en caso de fallos o desastres.

Los herederos del programa Mariner (técnicamente las Mariner 11 y 12, aunque recibieron otro nombre más acorde a su naturaleza) han conseguido, aún hoy día, alcanzar hitos astronómicos que harían sentir orgullosos a sus antecesores. Ambos se han convertido en los objetos creados por el hombre que han alcanzado las velocidades más altas y cruzado las distancias más largas imaginables alguna vez por el ser humano, y la información que hemos recibido de ellas nos han dado los primeros vistazos a verdaderos mundos alienígenas, realmente capaces de albergar vida. Asómbrate conmigo la próxima semana dando una repasada a unos cuantos de los múltiples logros que los humanos hemos conseguido en materia de exploración de nuestros vecinos semiesféricos.

Ramón Martínez Leyva

Ingeniero

Un pálido punto azul

Es ingeniero en Sistemas Computacionales. Sus áreas de conocimiento son tecnologías, ciencia y medio ambiente.

Lee más de este autor