Los rusos podrían ser peor en el 2020 que en el 2016. Porque con la elección presidencial del 3 de noviembre a la vuelta de la esquina, parece que el manual ha sido actualizado, que los rusos han hecho escuela, y que la polarización nacional exacerbada por la pandemia, podría ayudarles.

La democracia estadounidense peligra, y corre el riesgo de ser vista nuevamente como disfuncional, frágil, y desprevenida ante las intenciones rusas.

A partir de la lección aprendida en el 2016, las redes sociales se han dedicado a acabar con las cuentas falsas, los ejércitos de bots, y la desinformación, en donde twitter podría ser el más sobresaliente. Con sus nuevas normas de convivencia, en donde hasta el mismo Donald Trump, ha quedado algunas veces expuesto por compartir tweets que se consideran tienen información falsa, o incitan a la violencia. Sin embargo, esto no será suficiente para detener los planes de Putin.

Puesto que al haber enmendado la constitución, para quedarse en el poder hasta el 2036, y estar enfrentado una crisis económica detonada por la pandemia y la baja de los precios del petróleo, dinamitar la fe en la democracia, se ha vuelto inminente.

Siguiendo cautelosamente la estrategia diseñada por su asesor, Alexander Dugin, quien desde hace algunas décadas, le ha mostrado el camino para capitalizar las divisiones sociales, que si tomamos en cuenta el panorama detonado por la pandemia, y las protestas por violencia racial que no paran de aumentar, parecen haber convertido el caos estadounidense, en el paraíso terrenal de los intereses rusos.

Porque un país dividido y con problemas internos, no tiene ojos para mirar hacia afuera, y también deja de ser un ejemplo a seguir, para el resto del mundo.

Parece que la hora de servir el plato frío de la venganza ha llegado, Putin lo sabe, y las respuestas tibias a la intervención del 2016 no le causan miedo. Puesto que el saldo de aquel año, acabó tan sólo en 13 acusaciones a ciudadanos rusos, con puestos de mediano rango, en la Agencia de Investigación de Internet o IRA, por sus siglas en inglés.

En el 2016, la agencia fue capaz de llegar a 126 millones de estadounidenses a través cuentas falsas en Facebook y 1.4 millones a través de Twitter. No obstante, este número podría ser mayor esta vez, porque reaccionando al combate de las compañías de redes sociales, ahora han comenzado a rentar cuentas de usuarios reales, y esto será más difícil de detectar.

Tal y como le hicieron en el ensayo de la elección presidencial de este año, en la que se convirtió la de Ucrania en 2019.

Ya vieron que funcionó.

Aunado a esto, países como Venezuela, China, Irán, Bangladesh, y Arabia Saudita, han aprendido la fórmula de los rusos, han comenzado a replicarla, y también han elegido a Estados Unidos como su blanco.

Incluso Donald Trump, mencionó la presencia de la “brisa bolivariana”, cuando los disturbios derivados de las protestas por la muerte de George Floyd comenzaron, y las sospechas contra China no han hecho más que aumentar, desde que Tik Tok se ha convertido cada vez, en una red más popular.

Parece que se avecina un tsunami y que Estados Unidos, no puede ver más allá del caos que se ha desatado por la pandemia.

Esto es alarmante, porque la democracia estadounidense peligra, y con ello el mundo que conocemos podría estar en riesgo.

El último en salir apague la luz.

Twitter: @HenaroStephanie

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Stephanie Henaro

Profesora de Geopolítica

El último en salir apague la luz

Analista y comentarista mexicana. Estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad en la Universidad de King’s College London en Inglaterra.