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Opinión

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"Los bancos centrales deberán achicarse"

Los bancos centrales deberán achicarse. Es una tendencia mundial que corresponde a su nuevo papel. Las grandes batallas ya se acabaron , dice Donald Brash. Este economista es uno de los banqueros centrales más influyentes del mundo.

Brash encabezó el banco central de Nueva Zelanda durante 14 años, a partir de 1988 y desde ahí implementó una de las políticas de autonomía más interesantes.

El Ministerio de Finanzas de Nueva Zelanda fija la meta inflacionaria y el banco central se encarga de conseguir la meta. Ahí tiene autonomía absoluta, con un matiz: estaba obligado a comunicar con lujo de detalle qué está haciendo.

Ahora, en el 2010, no suena tan extraordinario. Eso ocurrió en la década de los 80, cuando muchos países, entre ellos México, ni siquiera debatían cuestiones como autonomía y transparencia del banco central.

Donald Brash estuvo en México la semana pasada y habló en exclusiva para El Economista.

La banca central fue uno de los grandes protagonistas de la política económica en los últimos 25 años, en todo el mundo, ¿qué pasa ahora con los bancos centrales?

Los bancos centrales se están volviendo aburridos, porque los que fueron grandes temas de debate ya están resueltos. Todo mundo coincide en que no hay un tradeoff entre inflación y crecimiento. A largo plazo no hay forma de crecer con inestabilidad de precios. Ya casi nadie discute que el combate a la inflación debe ser la máxima prioridad del banco central y que para conseguirla es imprescindible una autonomía máxima.

Dicho esto, para mí es claro que los bancos centrales deberán achicarse. Es una tendencia mundial que corresponde a su nuevo papel. Las grandes batallas ya se acabaron. Eso ya es parte de la historia. Su gran tamaño, los ejércitos de personas trabajando en los bancos centrales y sus enormes edificios corresponden a una época donde era muy importante mandar señales de la importancia del banco central. A mí me tocó pasar de 550 funcionarios a 185 en el banco central de Nueva Zelanda .

Los mejores economistas

¿Si esto es historia, cuál es el futuro de los bancos centrales?

Yo diría que un banco central no necesita mucha gente, pero sí tiene que ser muy buena. La atracción y desarrollo de talento no es una opción. Ahí deben estar los mejores economistas, algunos de los mejores conocedores de las finanzas y de las tendencias en política monetaria y sistemas financieros.

Para mí el banco central debe ser el líder en supervisión financiera y debe abocarse a dos temas: la prevención de las burbujas inflacionarias en sectores de gran impacto y la definición de una política de tipo de cambio en el largo plazo .

Quisiera pedirle que desarrolle dos puntos, primero burbujas inflacionarias.

No sólo se trata de definir una meta inflacionaria para el conjunto de la economía, sino ver el comportamiento en rubros específicos. No hay forma de explicar la crisis actual sin hablar de lo que ha pasado con los precios de algunas materias primas y el sector inmobiliario. El papel del banco central debe ser contener las burbujas de precios antes de que se conviertan en un problema para el resto de la economía .

Ahora el tipo de cambio a largo plazo.

Éste es uno de los grandes temas en el futuro, creo yo. En un régimen de libre flotación, el tipo de cambio, en un momento determinado, refleja la oferta y demanda y produce un equilibrio. A largo plazo, el tipo de cambio nos remite a otros aspectos del funcionamiento de la economía. Su relación con la competitividad del país es uno de los más importantes.

Hay quienes postulan que lo ideal sería tener un tipo de cambio subvaluado para alentar las exportaciones, hablan del caso de China. Yo no estoy de acuerdo. Hace años me tocó escuchar a un Gobernador del banco de Inglaterra que decía, si nuestro tipo de cambio abarata nuestras exportaciones, a la larga abaratará nuestros factores de la producción. Un tipo de cambio sobrevaluado obliga a un país a competir por calidad, servicio e innovación. Ése es el caso de Alemania, me parece mucho más interesante .

¿Qué tanta autonomía necesita el banco central?

La definición de la meta de inflación no debe ser una facultad del banco central. En Nueva Zelanda la fija el Ministerio de Hacienda y al banco central le toca cumplirla. Los dos tienen incentivos para coordinarse y hacer su mayor esfuerzo. Ése es el modelo que empezó en Nueva Zelanda hace casi tres décadas y muchos países han adoptado .

Vivimos en sociedades de la comunicación y los banqueros son personajes fundamentales para transmitir estados de ánimo ¿cómo debe comunicar un banquero central, podemos darnos el lujo de que sea demasiado sincero?

¿Ve un difícil panorama?

Yo pienso que sí. El tema de fondo es que el banco central no debe sorprender a los mercados. Para mí eso quiere decir que debe tener un punto de vista consistente en el tiempo y fundamentarlo, en algunos casos con documentos técnicos y otros con comunicación extensa frente al gran público. El problema no es que sea pesimista, sino que cambie de estado de ánimo con frecuencia y sin dar razones .

¿Cuál es el tema más difícil de comunicar para un banquero central ante el gran público?

Dejando de lado temas de coyuntura, yo diría que explicar a la población que la banca central no tiene que ver con el crecimiento económico del país. Si eso no se comprende, puede causar enormes problemas.

Es difícil comunicarlo, no importa si se habla con un grupo de pequeños granjeros o con alguno de los agentes económicos más influyentes.

De cualquier modo, yo enmarcaría el trabajo de comunicación en algo más grande y fundamental: el banco central debe ser un gran educador en temas de economía .

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

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