Se entiende por “apagón” una interrupción no planeada del suministro eléctrico. ¿Cuáles son las implicaciones de la contrarreforma eléctrica respecto a este tema?

Alguna vez explicó metafóricamente el economista Milton Friedman que, si se encargara a una empresa estatal la administración del desierto del Sahara, a los cinco años ya se observaría escasez de arena. La metáfora de Friedman viene a cuanto actualmente en México, cuando se han producido tremendos apagones en el norte del país. Se entiende por apagón, una interrupción no planeada del suministro eléctrico.

Ante esos apagones por la suspensión de abastecimiento de gas natural que se importa de Texas, el director de la CFE (Comisión Federal de Electricidad) Manuel Bartlett explicó que debe invertirse en equipos e instalaciones para un almacenamiento preventivo amplio de ese energético, insumo indispensable para la generación de electricidad en aquella zona.

La afirmación de Bartlett no es falsa, pero es tan solo aplicable en el corto plazo. En los plazos mediano y largo el fortalecimiento de la capacidad de almacenaje de gas natural debe venir acompañado de inversiones para aumentar la diversificación por fuentes de generación de energía, así como impulso a lo que los expertos llaman “generación distribuida”. Y el meollo del asunto está en que la contrarreforma del sector eléctrico que impulsa el gobierno de la autodenominada Cuarta Transformación se opone de manera directa a tres tendencias: a la diversificación de fuentes de energía, a la “generación distribuida” y de plano a la participación de empresas privadas en el sector eléctrico de México.

El objetivo medular de la actual contrarreforma eléctrica, ya se ha dicho, es fortalecer la condición de monopolio en el sector de la CFE. Implícitamente, también se aspira a conseguir la autosuficiencia nacional en ese ramo. Lo primero es un despropósito y lo segundo una imposibilidad. Aun con todos sus esfuerzos de inversión concentrados en los combustibles sólidos, la CFE está condenada a importar del exterior equipos, refacciones y tecnologías. La soberanía eléctrica de la que habla el presidente López Obrador es una entelequia, una utopía.

Hay una vertiente adicional de crítica a la política energética del actual gobierno: su renuencia a tan siquiera considerar la posibilidad de recurrir a la tecnología del “cracking” para la producción de hidrocarburos en México. Para tan importante tema remito a los lectores a la muy acertada columna de Marco A. Mares en la edición de El Economista del día de ayer, miércoles. El recurso al “cracking” aumentaría la oferta de hidrocarburos en México de manera exponencial.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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