El próximo domingo debe ser un gran día para todos. Por fin sabremos quién será presidente de la República y, gane quien gane, será oportuno asumir el momento como punto de partida para la unidad.

Los mexicanos nunca habíamos vivido una elección tan compleja. Seguramente muchos aún no definen por quién votarán y es lógico; se ha generado mucha incertidumbre.

Por una parte, está Andrés Manuel López Obrador, que permaneció inamovible en el primer lugar de las encuestas. Los embates de sus contrincantes parecen haberle hecho lo que el viento a Juárez. Pero resulta preocupante el posicionamiento de Yeidckol Polevnsky, quien esta semana dijo en el Senado: “Que no se atrevan a querer hacer un fraude porque sí se van a encontrar con el diablo”. Ella no parece entender que el país no está para amenazas.

Todo puede suceder el próximo domingo, no olvidemos que está latente el poder del voto útil que alguna vez ya aniquiló las aspiraciones de su candidato, por lo que su advertencia parece tener la intención de inhibir la libertad del electorado a través del miedo. A través del tigre, que por cierto, portan bordado en sus playeras los autodefensas electorales de Morena en Michoacán, liderados nada menos que por José Manuel Mireles Valverde.

Tatiana Clouthier también está haciendo su tarea. Difundió un manual en formato de historieta para cuidar la democracia el próximo 1 de julio, a través del cual sugiere denunciar en redes sociales y ante la Fepade cualquier irregularidad que se suscite durante la jornada electoral. El discurso del fraude siempre ha estado vigente en los argumentos del abanderado de Juntos Haremos Historia y sus seguidores, para quienes nunca ha existido la derrota honrada.

El Instituto Nacional Electoral ha hecho un gran trabajo y merece el reconocimiento y la confianza de la gente. La próxima semana será el momento culminante y en su evaluación final el INE obtendrá una excelente calificación.

Hablando de institucionalidad, no todos tienen los mismos méritos. El caso de Ricardo Anaya evidenció la ineficacia de la Procuraduría General de la República, la cual permitió difundir información de la presunta responsabilidad del candidato en operaciones de lavado de dinero, politizando un caso que compete únicamente a la justicia y afectando las preferencias electorales.

Ricardo Anaya fue un buen candidato, con buen discurso e ideas, pero él mismo ha sido su peor enemigo. Cuando fue presidente del PAN polarizó y dividió a la militancia, así perdió cuadros valiosos que hoy necesita. La más emblemática fue Margarita Zavala, quien nunca lo perdonó.

Anaya tampoco ha tenido la atingencia de amalgamar fuerzas al interior del PRD, así lo muestra la reciente salida de la exgobernadora de Zacatecas Amalia García quien abandonó filas para unirse al proyecto de López Obrador. Perece que la política no es precisamente la vocación del candidato frentista.

Por su parte, José Antonio Meade, un hombre bueno, preparado y con amplia experiencia, ha trabajado arduamente durante su campaña; nadando contra la corriente del antipriismo. Millones de mexicanos, incluso de otros partidos, no tenemos duda que puede ser un buen presidente, pero la expiación de culpas ajenas parece perseguirlo.

La página está por dar la vuelta. Pero las próximas elecciones no pueden ni deben dividirnos. No invoquemos a tigres ni demonios, mejor recordemos que se cierne sobre la patria una enorme bestia, cuyas amenazas nos exigirán estar más unidos que nunca.

@Ernesto_Millan

Ernesto Millán

Columnista

Molinos de Viento

Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México. Maestro en Dirección y Gestión Pública Local por la Unión Iberoamericana de Municipalistas. Ha ocupado diferentes cargos en gobierno federal, estatal y municipal por más de 20 años. Es Secretario Técnico del Consejo Consultivo de la Federación Nacional de Municipios de México (Fenamm) y Consejero Jurídico de la Comisión Unidos Contra la Trata A.C.