El año pasado, por estas fechas, junto con los parabienes por la Navidad y el fin de año, el tema en muchas mesas y tertulias era la necesidad de dinamizar la economía a través del gasto público.

Las proyecciones, optimistas todavía en ese momento, se fueron diluyendo con el paso de los meses, pese a que en reiteradas ocasiones el gobierno hizo hincapié en el cumplimiento oportuno del gasto público, en el cual muchos sectores cifran buena parte de sus esperanzas.

Quién iba a imaginar en ese entonces que un peligro mayor acechaba al desempeño de la economía y que se revelaría por donde menos se imaginaba.

El Poder Legislativo dejó para después de las fiestas -¿eso significa quién sabe para cuándo?- el tema que probablemente se convierta en la divisa de este sexenio: la corrupción.

El retraso en el gasto público, importante de suyo por el impacto en varios sectores de la economía, no se compara como problema con el combate a la corrupción. El primero es, por decirlo así, relativamente fácil de hacerlo efectivo y orientarlo a los sectores prioritarios.

Pero, más allá de la falta de compromiso de los legisladores para comenzar algo que cada minuto que se deja a la desidia permea en la sociedad y erosiona sus tejidos, ¿por dónde comenzar con tan titánica labor?

Concediendo que los señores diputados y senadores se enfocarán -eso sí cuando lo consideren pertinente pese a la urgencia de hacer algo- en la transparencia y cabalidad de aquellas actividades relacionadas con el gobierno y el gasto proveniente del erario, para nadie es un secreto que la corrupción es, haciendo una metáfora, como la mitológica Hidra de Lerna, cuyas cabezas podían ser cortadas pero no extinguidas.

Ejemplos sobre corrupción podrían llenar ediciones completas y no terminaríamos de enumerarlos. Y no es posible circunscribirlos a un sector económico o a un estrato social. Como decía José Emilio Pacheco del mar: empieza donde lo hallas por vez primera y te sale al encuentro por todas partes.

En un pensamiento matemático, la corrupción es tan vieja y está tan arraigada en la cultura del país que puede ser concebida como una banda de Moebius: sin principio... y ¿sin final?

La asignatura a resolver para los mexicanos en el ya próximo 2015 será, sin duda, hacer algo, todos, para exterminar al monstruo de la corrupción.

hugo.valenzuela@eleconomista.mx