Se les está pasando la mano. La función de las fuerzas armadas en el mundo democrático es muy clara. en México se le encomendó la lucha contra el crimen organizado cuando el entonces gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel, solicitó al presidente Felipe Calderón el envío de las tropas para enfrentar a los grupos delictivos que habían rebasado a la fuerza civil. Desde entonces a la fecha, ha corrido mucha sangre y controversia.

En este momento hay una especie de tolerancia, pero difícilmente durará mucho tiempo, son tantas las tareas que se le están encomendando, en particular al ejército, que el desgaste irá cobrando su factura. Por ejemplo, la semana pasada se anunció que serían destinados 10,000 efectivos al custodio de la infraestructura petrolera, pero sólo mandaron a cinco a contener la turba en Tlahuelilpan.

Vamos a esperar los resultados de la investigación del fiscal, pero la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ya dejó entrever que hay muchos posibles responsables, porque hubo tiempo suficiente para evitar la tragedia. Los organismos de protección civil de los tres niveles, las policías locales y el ejército tuvieron más de cinco horas para integrar un operativo.

¿Hay mucha diferencia entre Tlahuelilpan y lo ocurrido en el Sector Reforma de Guadalajara, la guardería ABC de Hermosillo y Ayotzinapa? Me temo que no.

Después de años de criticar duramente al ejército, incluso de amenazar con regresarlo a los cuarteles, el presidente López Obrador ya lo convirtió en multiusos: van a construir Santa Lucía y carreteras, están contratando choferes, vigilan ductos, combaten el narco, tendrán que integrar la guardia nacional, ya tienen a su cargo la seguridad estratégica, comparten la seguridad pública, más lo que se le vaya ocurriendo a su comandante en jefe.

Se comenta por lo bajo que dejó un pésimo sabor de boca la débil aparición pública del general Sandoval en la rueda de prensa, disminuido, sin reconocer que sus elementos tenían la orden de no intervenir de manera frontal. ¿Cuánto tiempo o cuántas veces los jefes militares del ejército o la marina van a seguir este juego perverso? Sí, son de lo más disciplinado, pero si algo tienen claro es el respeto que se han ganado a lo largo de los años y no sé si están dispuestos a dilapidarlo por una sobrecarga de actividades y acciones que ni siquiera corresponden a su ámbito de competencia. No se necesita mucha inteligencia para concluir que si los militares se pueden encargar todas las tareas nacionales, ¿para qué quieren a los civiles?

El poder seduce, no respeta rangos ni insignias, México vivió la mitad del siglo pasado bajo gobiernos encabezados por militares, fueron los propios soldados quienes entregaron la presidencia a los políticos.

Ya que a López Obrador le gusta recurrir a la historia, durante los sexenios de Echeverría y López Portillo se hizo popular la frase: “nos hace falta la bota”, en referencia a los golpes de estado que se registraron en países sudamericanos. Las Fuerzas Armadas tendrán que aprender a decir no, con todo respeto, pero no, señor presidente.

Al margen

Está claro que el gobierno federal trató a toda costa de prolongar el desabasto en el valle de México, ahí tiene su base electoral. Ya se asoman las movilizaciones. El sábado habrá un plantón en la glorieta Minerva de Guadalajara.

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Juan MaríaNaveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.