Salieron las primeras encuestas posdebate con muy buenas noticias para López Obrador, pésimas para el PRI, y buenas y malas para el candidato del Frente.

López Obrador puede estar tranquilo. La diferencia con sus contrincantes es de 16 puntos con el segundo lugar y de 27 con el tercero, una ventaja que a 60 días se antoja definitiva. Meade quedó ya fuera del juego y Anaya tiene bastante que festejar, pero mucho más de qué preocuparse.

La buena para el candidato del Frente es que, ahora sí, quedó claro que hay un segundo lugar evidente, sin ambigüedad ni posibilidades de confusión. Si hay voto útil es para él, para nadie más. La mala es que las mismas encuestas revelan que el voto útil es insuficiente. Cuando se pregunta a los electores por quién votarían en caso de que sólo hubiera dos candidatos, López Obrador y Anaya, Andrés Manuel se mantiene, mientras que el candidato del Frente sólo suma tres puntos. Esto significa dos cosas. La primera es que el voto que perdió el PRI en los primeros meses de la campaña lo ganó Morena, no el Frente y, segundo, que en caso de apelar al voto útil lo que puede sumar Anaya es sólo 3%, porque el PRI ya se quedó en los huesos, ya no tiene voto blando que prestar. Ese 17% que tiene Meade es casi en su totalidad el voto duro, identificado y amarrado políticamente al tricolor. La segunda es que si Anaya quiere crecer, tiene que hacerlo sobre el voto de López Obrador, y eso es mucho más complicado.

El voto útil se logra pactando con el poder, haciendo acuerdos cupulares, convenciendo a los electores de que ‘ya sabes quién’ es un peligro para México, sembrando miedo. Pero ese discurso ya no prende, a base de repetirlo lo vaciaron de contenido y no funciona más, y los puntos que puedan lograr no sirven para mucho cuando la distancia es tan amplia. La única forma de alcanzar al puntero es, entonces, quitándole votos; cada punto que le quite Anaya a López Obrador suma doble, pero para ello al candidato que va arriba tienen que dejarlo ir (cometiendo errores, descuidando algunos sectores, radicalizando ciertas posturas, y el retador debe tener una red de propuestas y discursos capaz de cacharlos). Dicho de otra manera, si Anaya quiere quitarle votos a Andrés Manuel, no sólo tiene que comenzar a emocionar a los electores (cosa que no está fácil, pues es con mucho el más distante y poco emocional de los candidatos) sino empezar a correrse ideológicamente hacia donde están los electores: al antisistema.

Los dos caminos son incompatibles. El voto útil es el voto del statu quo; el voto antisistema requiere romper con muchos de los compromisos que carga el candidato. Esa será la decisión que el equipo de campaña del Frente deberá tomar en los próximos días. Esas son las cuitas del joven Anaya.

Diego Petersen Farah

Reportero y columnista

En tres patadas

Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Ha dedicado su vida al periodismo como reportero, columnista y directivo de medios. Fue fundador y subdirector del diario Siglo 21, además de fundador y director del diario Público de Guadalajara.