El viernes pasado, Hugo López Gatell anunció, tras semanas de debate, que finalmente el gobierno federal accedería a vacunar contra covid-19 a los adolescentes de 12 a 17 años, con la acotación de que estos pertenecieran a un grupo con factores de riesgo específicos como inmunosupresión, enfermedades crónicas pulmonares, renales, hepáticas, digestivas, neurológicas, cardiovasculares, anomalías genéticas o cromosómicas, adolescentes embarazadas, diabetes y otras enfermedades endocrinas “incluyendo obesidad grado 2”. 

El total de adolescentes que serán vacunados: de 750 mil a 1 millón y medio.

Pero ¿cómo es que llegaron a esa cifra? Simple: la adivinaron.

En México, según el INEGI, existen alrededor de 14 millones de personas entre 12 y 17 años de los cuales, según López Gatell, estaríamos vacunando del 5 al 10% aproximadamente. En México no existe un solo registro ni un censo sobre ningún paciente con estas enfermedades. Nadie, ninguna institución de ningún organismo de salud pública sabe a ciencia cierta cuántos adolescentes padecen alguna de las patologías citadas arriba.

Quienes hemos asistido por décadas a congresos médicos, conocemos una frase en sentido irónico que muchos científicos suelen mencionar: “Sabemos que en México las estadísticas no son confiables”.

Si quisiéramos buscar un sustento riguroso desde el punto de vista epidemiológico sobre esta cantidad de vacunas propuestas (que varía un 100% entre la cifra mínima y la máxima), podríamos buscar la prevalencia de cada enfermedad. Es entonces donde las cosas cobran menos sentido, ya que, según estimaciones del INEGI de noviembre del año pasado, 17% de los adolescentes entre 12 a 17 años presentaba sobrepeso u obesidad. Tal vez sea por ello que solamente incluirán a los muchachos que presenten obesidad grado 2 dejando claro, tácitamente, que la obesidad grado 1, sorpresivamente, no es un factor de riesgo.

No existe en México un censo de pacientes con diabetes ni con alguna otra enfermedad crónica. La brutal ausencia de sistemas de información en salud, que concentren en bases de datos la información perfectamente clasificada, curada y que funcionen de una manera amigable para el usuario, además de encontrarse disponibles de manera abierta y fácil, se ha convertido prácticamente en un cliché cultural en nuestro país.

Ejemplos sobran. Tomemos el caso de los pacientes pediátricos oncológicos. Los niños con cáncer. 

A casi dos años de uno de los peores dilemas de atención a pacientes (y relaciones públicas), en el sistema de salud, no existe en México el día de hoy un sistema informático de seguimiento en donde encontremos cada caso de cada paciente, con sus ciclos de tratamiento perfectamente detallados. Un sistema como éste ayudaría a poder conocer qué tipo de medicamentos son los faltantes y poder hacer proyecciones para anticipar sus compras, optimizando los tratamientos y evitando el consecuente desabasto.

Precisamente, hablando de desabasto, la semana pasada se dio a conocer que 44 millones de piezas de medicamentos habían sido entregadas en los últimos días. El problema es que esos 44 millones solamente existen en una diapositiva. No hay manera de rastrearlos, ni se sabe a qué claves corresponden.Tampoco hay manera de saber cuántas de esas claves tienen un buen avance de compra y cuáles definitivamente se encuentran en desabasto total.

Pareciera que el sistema fue diseñado para evitar su trazabilidad. Los escuetos reportes del INSABI son un acto de fe, donde se muestran columnas que hablan de claves, sin decir cuáles; piezas adquiridas sin saber a qué clave corresponden y, a manera de mal chiste, las solicitudes reportadas son comparadas directamente con “remisiones”, lo que quiera que esto signifique. 

No hay manera de saber específicamente qué se ha comprado, cuál es el avance sobre lo solicitado y, mucho menos, hacia dónde se dirigen esos medicamentos o en qué unidades médicas ya fueron entregados. Opacidad total.

El constante desaseo en el manejo de la información en el área de la salud incluye el programa más prioritario en este momento: la vacunación contra covid. 

Todos los días, nos muestran en una diapositiva, un reporte sobre los avances en vacunación. Otra vez, un acto de fe. No hay manera de saber en dónde se encuentran 12, 15 y a veces hasta 20 millones de vacunas que se reportan como adquiridas, pero aún sin administrar.

En la campaña de vacunación más importante de la historia, no existe forma de rastrear cada ampolleta, de cada lote, de cada marca y consecuentemente, no se puede prever hacia dónde se dirigirán los próximos embarques. Es por ello que todos los estados de la República se muerden las uñas al final de cada semana, en espera de que les asignen, de manera misteriosa, las próximas vacunas a administrar.

En la tercera década del siglo XXI, en materia de manejo de información en salud, México sigue estando muy lejos de Dinamarca.

*El autor es Médico Cirujano y Analista en Políticas de Salud.

Twitter: @StratCons