El Plan Nacional de Desarrollo comenzó mal. la publicación de dos documentos causó confusión entre los que seguimos el tema. todavía hay algunos que nos preguntamos cuál documento es el que tiene validez: el de 64 páginas donde el presidente Andrés Manuel López Obrador expone los objetivos que espera alcanzar en su gobierno, o el de 225 páginas, denominado anexo, elaborado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que incluye objetivos, indicadores y estrategias.

El anexo del Plan Nacional de Desarrollo ubica a la política anticorrupción del gobierno federal como un eje transversal; en la jerga administrativa significa que es obligatorio para la administración pública federal.

En categorías muy gruesas, el documento enuncia mejorar las compras públicas, eliminar las redes de corrupción entre proveedores y funcionarios públicos, eliminar la corrupción de los trámites públicos, quitar privilegios y prebendas a los funcionarios y la generación casi espontánea de una nueva ética pública en las instituciones.

A través de la ley de conflicto de interés, así como de estrategias para seguir el dinero de las licitaciones, pretende destruir las redes de corrupción; también intenta eliminar la presencia del financiamiento privado en las campañas a cambio de favores en las licitaciones y concesiones.

Lo cierto es que el Plan Nacional de Desarrollo describe la política anticorrupción del gobierno federal en no más de 10 cuartillas. Ésa, estimado lector, es la importancia otorgada, a uno de los temas más complejos de nuestro país y que, por cierto, es la bandera más recurrente del presidente López Obrador.

El Plan Nacional de Desarrollo no tiene una sola mención del Sistema Nacional Anticorrupción, queda en el limbo la continuidad de la estrategia de coordinación lidereada por la sociedad civil. tampoco expresa mecanismos alternos al mencionado sistema de coordinación entre los poderes de la unión y los tres órdenes de gobierno.

No abunda en los mecanismos de participación de la sociedad civil, se infiere que serán débiles, considerando que pretende centralizar la fiscalización en la Secretaría de la Función Pública y la Auditoría Superior de la Federación.

Resulta machacón el discurso del gobierno en materia anticorrupción, el ejemplo: austeridad, centralización y control son las estrategias de la cuarta transformación.

La estrategia anticorrupción de la cuarta transformación hace énfasis más en las personas que en los procesos; el Plan Nacional de Desarrollo en el apartado anticorrupción queda a deber y mucho. En la estrategia anticorrupción hay mucha voluntad y poco contenido.

Twitter: @ErosalesA

Eliseo Rosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.