La muerte de Ruth Bader Ginsburg desató una guerra. El reemplazo de la juez se ha vuelto un nuevo frente de batalla que, adhiere el equilibrio ideológico de la Suprema Corte, a la ecuación. Ahora no sólo está en juego la Casa Blanca, sino el estilo de vida de muchas generaciones de estadounidenses, bajo la ley. 

Parece que solamente esto le faltaba a una nación, ya de por sí fragmentada. 

Bader Ginsburg murió el viernes 18 de septiembre a los 87 años debido a un cáncer de páncreas, y era considerada como una súper estrella dentro del mundo de la justicia, por haber sido una luchadora incansable en temas relacionados con la igualdad de género, la inmigración, el aborto, y  el matrimonio igualitario, entre otros.

Fue nombrada por Bill Clinton en 1993 y era hasta, hace algunos días, el ícono del ala liberal de la corte que, Donald Trump podría ahora reducir a una minoría. 

De los nueve jueces que conforman el máximo tribunal estadounidense, había cuatro progresistas y cinco conservadores. Número próximo a cambiar a favor de los conservadores, ya que la muerte de la juez, abre la posibilidad de que Trump nomine a su sucesor.

El presidente ya ha nombrado a dos jueces, Neil Gorsuch en 2017 y Brett Kavanaugh en 2018, su próxima nominación deberá ser ratificada por el Senado y esto podría volverse una prueba de fuego de lealtad.

Porque, a pesar de que los republicanos tiene 53 escaños y los demócratas 47, al menos dos miembros de esa mayoría se han mostrado reticentes a votar un nuevo juez de la corte tan cerca de las elecciones.

Algo que probablemente chocará con los planes de Mitch McConnell, líder de esa cámara, y del mismo presidente. Sabiendo que con este movimiento podrían hablarle al oído a los sectores más conservadores de la población, a pocos días de la elección. 

Abriendo la posibilidad de revertir parcial o totalmente Roe versus Wade, el emblemático caso por el que el tribunal despenalizó el aborto en 1973. Esto último podría poner en problemas a Joe Biden, y el senador Ted Cruz lo sabe, porque ya se encuentra tuiteando sobre ello. 

De hecho, su nombre junto con el de Tom Cotton, es uno de los que inicialmente sonaron para ocupar el lugar dejado por la juez. No obstante, Donald Trump ha declarado recientemente, que nominará a una mujer la próxima semana. 

Hasta ahora, los nombres que más se mencionan son los de Amy Coney Barrett y Barbara Lagoa. Ambas conservadoras. Barrett, de 48 años, es jueza de la Corte de Apelaciones del Séptimo Circuito de Estados Unidos, con sede en Chicago. Mientras que la cubanoamericana Lagoa, de 52 años, es jueza del Décimo Primer Circuito, con sede en Atlanta. 

La nominación podría sin duda contribuir a una mayor polarización del país, ya que los demócratas se oponen a que esto ocurra antes de que se lleve a cabo la elección, y usan como ejemplo lo ocurrido en el 2016. Cuando los senadores republicanos bloquearon la nominación Merrick Garland por parte de Obama, argumentando que faltaban 8 meses para la elección.

Todo parece apuntar que ahora eso será diferente, y que la guerra que desató la muerte de Bader Ginsburg, distraerá la atención del electorado de la respuesta que el gobierno de Donald Trump ha tenido sobre la pandemia, cuando el número de muertes se encuentra cerca de 200, 000.

Parece que un nuevo grado de incertidumbre acaba de aparecer. 

El último en salir apague la luz.

Twitter: @HenaroStephanie 

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Stephanie Henaro

Profesora de Geopolítica

El último en salir apague la luz

Analista y comentarista mexicana. Estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad en la Universidad de King’s College London en Inglaterra.