La crisis de la globalización contagia el Mundial de Moscú a través del vector soft de la diplomacia: la ausencia de Estados Unidos es algo más que una metáfora del aislamiento de Donald Trump del concierto internacional; Alemania llega a las canchas decaída por el debilitamiento de Angela Merkel frente al problema más grave de lo que va del siglo: la migración; Arabia Saudita y Egipto encuentran en la FIFA lo que la ONU les niega: tolerancia frente a la violación de derechos humanos; Túnez se presenta en Rusia como único país en el que triunfó la Primavera Árabe gracias a la gestación de la Constitución, e Inglaterra jugará frente a Bélgica el 28 de junio, dos selecciones que representan a las capitales del Brexit y de la Unión Europea.

La FIFA y la ONU parecen dos planetas, pero la realidad es que cohabitan en uno solo; los diplomáticos del futbol presumen con orgullo que su organismo suma más agremiados que Naciones Unidas (209 selecciones frente a 193 naciones) y los diplomáticos internacionalistas que discuten el futuro del mundo en el Consejo de Seguridad se llevan sus manos a sus cabezas cuando recuerdan el nombre del país sede del próximo Mundial: Qatar.

La realidad es que la clase política de cualquier país envidia la seducción natural de la FIFA. Veamos.

Si el futbol es la continuación de la guerra a través de medios lúdicos, podemos deducir que el TLCAN del balón fue más eficiente que la renegociación del TLCAN de Peña, Trudeau y Trump. Pero cuidado, para Trump, el soft power es inexistente. Dos días después de que la FIFA anunciara la sede del Mundial 2026, el diario The Wall Street Journal divulgaba una de las escenas con mayores tintes racistas de Trump hacia México: durante la cumbre del G7, celebrada hace dos semanas en Canadá, el estadounidense le ofreció al primer ministro japonés, Shinzo Abe, 25 millones de mexicanos que seguramente le estorban en su país.

“Shinzo, tú no tienes ese problema (migración), pero puedo enviarte 25 millones de mexicanos y estarás fuera de tu puesto muy pronto”. La diplomacia mexicana no reclamó, quizá se encontraba celebrando la histórica victoria de la Selección frente a Alemania.

Antes de que la FIFA diera a conocer la sede tripartita del Mundial 2016 para Canadá, Estados Unidos y México, Trump amenazó a las delegaciones que se atrevieran a votar a favor de Marruecos: “Los Estados Unidos han hecho una propuesta fuerte junto a Canadá y México para el Mundial del 2026. Sería una lástima que países que siempre hemos apoyado hagan lobby contra la candidatura de Estados Unidos. ¿Por qué deberíamos seguir apoyando a esos países que no nos apoyan a nosotros (incluyendo a las Naciones Unidas)?”, escribió en Twitter.

Es conocida la guerra que le declaró el presidente Obama a la FIFA por no haber elegido a Estados Unidos como sede del actual Mundial de Rusia 2018. Fue el FBI quien desarticuló a la cúpula del entonces presidente de la FIFA Joseph Blatter. Pero las estrategias de Obama en contra de Rusia no acabaron en el terreno del futbol. Estados Unidos utilizó a laboratorios médicos para abrir el frente del dopaje. Lo curioso es que Estados Unidos ha tenido más casos positivos que Rusia de acuerdo al reporte “2016 Anti-doping rule violations (ADRVs)”. Italia, Francia y Estados Unidos encabezan la lista del número de atletas dopados: 147, 86 y 76, respectivamente.

En fin, en una época en la que la ONU está entrampada y Trump se aísla, nos queda analizar el mundo a través del Mundial de Rusia.

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Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.