Por Ana Laura Martínez Gutiérrez

En su intento por ver a las sirenas sin sucumbir a ellas, Ulises tapo sus oídos con cera y pidió a su tripulación que lo atara al mástil de su barco. Ulises sabía de sus limitaciones y buscó una herramienta que le permitiera lograr su objetivo. En el caso de los individuos que enfrentan el reto de mantener su calidad de vida e independencia financiera tras su retiro, esa herramienta son las afores.

Un análisis reciente, elaborado por investigadores del CIDE, demuestra que en su gran mayoría los mexicanos sí ahorran. Sin embargo, lo hacen de forma ineficiente, utilizando instrumentos informales, de alta liquidez, que no reducen sus tentaciones de consumo, y en su gran mayoría no generan rendimientos. En un contexto de informalidad laboral, ingreso variable y pagos que varían en su periodicidad, la tarea de ahorrar, y más aún de ahorrar para el retiro, es hoy una verdadera labor titánica para la mayoría de los mexicanos.

Si bien la reforma de 1997 fue un gran paso hacia la transformación del ahorro para el retiro —aumentando el ahorro financiero en el país de forma considerable y mejorando los prospectos personales de los trabajadores y la carga fiscal para el país—, el análisis tanto de las barreras estructurales como conductuales al ahorro resalta la necesidad de reformar el sistema de pensiones actual en dos sentidos. En primer lugar, es urgente ampliar el acceso a las afores de los mexicanos hoy excluidos del sistema, la mayoría de ellos en empleos informales en los que, además, carecen de seguridad social. En segundo lugar, es necesario ampliar los montos de ahorro.

Pero generar una verdadera transformación en el ahorro para el retiro de los mexicanos requiere más que una reforma legal. Requiere partir de un piso de entendimiento y confianza en las afores, y del diseño de herramientas que, como en el caso de Ulises, ayuden a los mexicanos a sortear tanto las barreras estructurales como conductuales, que dificultan el ahorro para el futuro. Así, resulta central crear herramientas, por ejemplo, de visualización y planeación del futuro, que permitan a los grupos más jóvenes enfrentarse a la posibilidad de que el optimismo que hoy perciben puede resultar riesgoso para su futuro; o convencer a los hogares con dependientes de que ahorrar no es un acto egoísta sino un acto responsable para las generaciones futuras.

Si bien el reto no es menor, el engranaje institucional que hemos venido construyendo los últimos 20 años nos asegura las bases necesarias para impulsar la transformación que el sistema de ahorro para el retiro requiere. Más aún, tanto la información de la que hoy disponemos como las herramientas de análisis y la tecnología facilitan la tarea de aumentar y transformar la forma en la que los mexicanos ahorran para el retiro. Una de esas grandes herramientas es la economía del comportamiento, que ha venido gestando una revolución alrededor del mundo facilitando el ahorro para el retiro de las personas en países como Reino Unido, Estados Unidos y Nueva Zelanda, entre muchos otros.

El ahorro de los individuos y familias es un elemento esencial para el desarrollo financiero y el crecimiento económico de nuestro país, al permitir almacenar riqueza con fines de seguridad y transaccionales, acumular excedentes monetarios para posponer consumo, formar un capital de inversión, asegurarse ante riesgos, o bien, constituir un patrimonio para el largo plazo. Aumentar el uso de instrumentos financieros adecuados permitirá que los mexicanos puedan acceder a intermediarios institucionales, que los provean de servicios que les permitan llegar a sus objetivos de ahorro con mayor facilidad. El reto es grande, el momento es ahora.

*Ana Laura Martínez Gutiérrez, coordinadora de la Unidad de Ciencias del Comportamiento y Experimentación, Laboratorio Nacional de Políticas Públicas, CIDE.