Ahorrar implica claramente dejar de gastar hoy para poder hacerlo en el futuro

Muchas personas piensan que ahorrar e invertir son conceptos similares: implican separar dinero para cumplir metas futuras. Pero hay una enorme diferencia entre las dos y consiste en qué hacemos con ese dinero que estamos guardando.

Ahorrar implica claramente dejar de gastar hoy para poder hacerlo en el futuro. Ese dinero podemos depositarlo en una alcancía, guardarlo debajo del colchón (aunque no es lo recomendable) o ponerlo en una cuenta separada a la vista o a plazo fijo en un banco, con la tranquilidad de que, en dado caso, estará protegido por el IPAB (hasta por 400,000 Udis, más de 2 millones y medio de pesos).

Este tipo de cuentas por lo general pagan un rendimiento muy bajo (o nada, en absoluto). Para cuestiones de corto plazo no hay mucho problema porque vamos a usar el dinero pronto y no tendrá la oportunidad de crecer. Pero para objetivos de mediano y largo plazos, tenemos que protegernos de la inflación (porque erosiona el poder adquisitivo poco a poco) y además podemos aprovechar el poder del interés compuesto a nuestro favor, para lograr un crecimiento patrimonial importante. Entonces, tiene sentido invertirlo.

Cuando invertimos nuestro dinero, estamos utilizando nuestros ahorros para comprar instrumentos de inversión que crecen con el tiempo: bonos emitidos por el gobierno (local o internacional), acciones de empresas (nacionales y extranjeras), bienes raíces, oro, criptomonedas, entre muchos otros. Lo podemos hacer directamente o a través de vehículos como ETFs o fondos de inversión, dependiendo de lo que necesitamos.

Invertir implica necesariamente asumir un riesgo, ya que los instrumentos que compramos se pueden vender en cualquier momento, a un precio mayor o menor, dependiendo de las condiciones de los mercados financieros. Algunos pueden variar mucho en su precio (ser muy volátiles, como por ejemplo las acciones de empresas pequeñas) y otros pueden ser bastante estables (por ejemplo, la deuda gubernamental a corto plazo como los Cetes a 28 días). La idea es hacer una mezcla inteligente de distintos tipos de instrumentos, que se comportan de manera diferente, tomando en cuenta nuestro horizonte de inversión y tolerancia al riesgo. Es decir: diversificar.

De esta manera, el valor de nuestra cuenta de inversión dependerá del movimiento que tengan los distintos instrumentos que conforman nuestro portafolio. Todos los días su precio cambiará: unos subirán, otros bajarán. Esta volatilidad es precisamente lo que hace que la gente gane dinero (o lo pierda) al invertir. Por eso es fundamental combinarlos en las proporciones correctas para nuestro caso particular.

Es importante mencionar que a pesar de que elijamos instrumentos de largo plazo, la enorme mayoría de los instrumentos que cotizan en los mercados financieros se puede vender rápidamente, muchas veces en no más de 48 horas. Sin embargo, es importantísimo respetar, como ya dijimos, nuestro horizonte de inversión para no correr el riesgo de tener que vender en el peor momento, en medio de una caída generalizada en los mercados.

Entonces, ahorrar es separar nuestro dinero y ponerlo en un lugar seguro, pero sin posibilidad de que crezca y con alta probabilidad de que su poder adquisitivo se deteriore con el tiempo, dado que los rendimientos de las cuentas de ahorro son nulos o muy inferiores a la inflación.

Invertir, por el contrario, implica asumir un riesgo, pero que podemos controlar a través de la diversificación. Si somos muy poco tolerantes al riesgo, podemos construir un portafolio muy seguro y estable, aunque su potencial de rendimiento por encima de la inflación sea acotado. Si nuestro perfil es más agresivo y entendemos lo que estamos haciendo, podemos construir un portafolio más volátil, pero con un mucho mayor potencial de rendimiento en el largo plazo.

Muchas veces he insistido en este espacio en que si queremos formar un patrimonio con el tiempo (por ejemplo, ahorrar para nuestro retiro), el ahorro es necesario, pero no es suficiente. También tenemos que saber invertir para lograr que nuestro dinero trabaje por nosotros y genere, a su vez, más dinero, utilizando el poder del interés compuesto.

Ahora bien, no siempre es recomendable invertir nuestro dinero. En ocasiones ahorrar es la opción más inteligente. Cuando se trata de dinero que podríamos tener que utilizar de manera inmediata (por ejemplo, nuestro fondo para emergencias), o bien, si estamos juntando para irnos de vacaciones el próximo verano, en menos de un año, tiene mucho más sentido ahorrar.

La razón es que no debemos correr riesgos innecesarios. Si los mercados financieros registrasen una gran caída justo cuando necesitamos el dinero, tendríamos que asumir una pérdida, ya que no habría tiempo de recuperarse. Pero si nuestras metas son de mayor plazo, no invertir puede ser un grave error y representar un enorme costo de oportunidad.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com