El triunfo de López Obrador en las elecciones presidenciales de 2018 vino precedido de una crisis en el sistema de partidos políticos. Desde la década de 1990 hasta 2012, la votación en las elecciones federales estuvo concentrada en tres grandes partidos: PRI, PAN y PRD. La competencia electoral y la alternancia en el poder, los signos distintivos de la democratización, giraron en torno a estas tres alternativas.

El punto de quiebre tuvo lugar en las elecciones de 2015. Por primera vez, el porcentaje de votación que PRI, PAN y PRD obtuvieron cayó por debajo del histórico 80 por ciento. En las siguientes elecciones de 2018, la mayoría del electorado votó por opciones políticas distintas a los partidos tradicionales. En 2021, la votación a favor del PRI, PAN o PRD llegó a penas al 41 por ciento.

La crisis del sistema de partidos coincidió con la formación de Morena en 2014, un partido político que nació como un desprendimiento del PRD, agrupado en torno a quien había sido su candidato en las dos elecciones presidenciales anteriores. Levantar un partido político desde abajo tuvo sus costos, pero resultó a la larga un acierto.

López Obrador tuvo la opción de retomar el control del PRD, un partido que dirigió por casi tres años, entre 1996-1999. Pudo intentar imponerse sobre la tribu dominante al interior del Sol Azteca e impedir que se concretara la negociación del Pacto por México, el acuerdo entre PRI, PAN y PRD para aprobar las reformas estructurales durante la presidencia de Peña Nieto.  

Pero la formación de Morena permitía a López Obrador presentarse como algo nuevo y así tratar de capitalizar el apetito del electorado por una alternativa distinta a los partidos tradicionales. Desde la década de 1990, en muchas partes del país los votantes habían conocido la alternancia de partidos en el ámbito local entre candidatos del PRI, PAN y PRD.  En el gobierno federal, habían vivido dos gobiernos del PAN y el regreso del PRI. La insatisfacción con los resultados, sin embargo, persistía. El deseo de experimentar algo distinto iba en aumento.

El ascenso de Morena rumbo al 2018 tuvo sus catalizadores durante el gobierno de Peña Nieto. Mucho se ha dicho sobre los escándalos de corrupción como la Casa Blanca, la Estafa Maestra y los sobornos de Odebrecht, que desde luego minaron la credibilidad del PRI. Poco se ha analizado el impacto en la opinión pública de otros eventos, que fueron igual o más destructivos para el gobierno de Peña Nieto.

El triunfo sorpresivo de Donald Trump en las elecciones de noviembre de 2016 reverberó con fuerza en la política mexicana. Causó una fuerte devaluación del peso, obligó al Banco de México a elevar tasas de interés y desaceleró la economía. No sólo causó incertidumbre entre los inversionistas, sino también desasosiego en la opinión pública ante la posible terminación unilateral del TLCAN. Las dudas no se despejaron hasta la renegociación del acuerdo comercial, que Trump prefirió concluir después de las elecciones mexicanas.

A esto hay que añadir el manejo desastroso de la liberación de los precios de la gasolina. El “gasolinazo” de enero de 2017 desató una ola de protestas, bloqueos y saqueos en las principales ciudades del país. El deterioro en el “humor social” que causó fue el último clavo en el ataúd de las aspiraciones del PRI para mantener la presidencia de la República en 2018.

El PAN, que tuvo una importante recuperación en las elecciones locales de 2016, llegó dividido al 2018. Su dirigencia nacional trató de compensar su incapacidad para mantener la cohesión interna con una alianza con PRD y Movimiento Ciudadano. Pero la unidad parece no tener sustituto. En 2018, el PAN consiguió el peor resultado electoral en más de dos décadas.

La política se mueve en ciclos. Morena ha dejado de ser la alternativa “nueva” que parecía ser hace unos años. Tiene el desgaste propio de un gobierno sin resultados y con algunos retrocesos graves. Además, la sombra de la división acecha, de cara a la sucesión presidencial. El péndulo parece iniciar su recorrido de regreso. Falta ver si la oposición esta preparada para aprovecharlo.

*Profesor del CIDE.

Twitter: @BenitoNacif

Benito Nacif

Profesor

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El Dr. Benito Nacif es profesor de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Fue Consejero Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE) del 2014 al 2020 y del Instituto Federal Electoral (IFE) del 2008 al 2014.

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