Hace unos días se instaló con bombo y platillo el Consejo Nacional de Mejora Regulatoria, a la que acudieron funcionarios importantes del gabinete económico, miembros de algunas ONG y personajes importantes del sector empresarial, encabezados por Carlos Salazar, con el “pequeño error” de vestir todos ellos corbata azul, suene a lo que suene.

Tomando en cuenta que los gobiernos anteriores dieron un fuerte impulso a la desregulación empresarial —lo que constituye muchas veces uno de los mayores costos para la creación y funcionamiento de las pymes—, no extraña que el proceso de su funcionamiento no suela pasar de dos años. Así como los bancos de tamaño mediano están legítimamente pidiendo una regulación asimétrica que les  permita operar en condiciones de igualdad frente a los grandes bancos (cuatro bancos acumulan más de 70% de los activos del sistema bancario), no entendemos por qué, si una de las banderas de la nueva secretaria de Economía constituye el impulso de las micro y pequeñas empresas, este tema no esté en su agenda política.

Hay que reconocer que México lleva un gran avance comparado con otros países en la política de desregulación económica, que lo acercan a buenos indicadores de la OCDE. En esto, la 4T no parte de cero, pero si se quiere deslindar de la política anterior para lograr su objetivo de promover la creación, duración y desformalización de las pymes mexicanas, creemos que debe hacer ciertos ajustes en la misma, empezando por medir el “costo” para las microempresas de funcionar con las reglas dirigidas a las grandes empresas, aspecto en el que ha insistido Gabriel Zaid, uno de los estudiosos más originales en la propuesta de políticas públicas para las pymes.

México basa su análisis en el estudio Doing Business del Banco Mundial, que se ha constituido en el escaparate de los “buenos” países que se quieren alinear hacia el desarrollo. Pero diversos economistas han atacado la seriedad de las conclusiones del estudio para cada país, ya que se basa en supuestos demasiado simplistas; hace énfasis en el tiempo para crear una empresa, pero no en la mejora del ecosistema de las microempresas que permita a éstas ampliar su duración y volverse más competitivas; como señalaron los autores del libro Formalización de empresas, el Doing Business enfatiza la parte cuantitativa, mas no la cualitativa que hace énfasis a la calidad de las instituciones para medir otros aspectos de la vida real al que se ven sujetas tales empresas, como la confianza empresarial derivada de un buen registro público, que puede retrasar unos días la creación de empresas, pero mejora sustancialmente la estructura de las mismas y elimina costos de transacción en el tráfico jurídico.

Otro aspecto que se deja de lado es que la carga fiscal de las microempresas no puede ser igual al de las grandes empresas, que cuentan con ejércitos de contadores, auditores y sistemas contables para hacer sus declaraciones, con todo y que al final los utilizan para pagar los menos impuestos posibles con planeaciones fiscales sumamente agresivas, ni las normas laborales para las mipymes.

De acuerdo con diferentes estudios, la desregulación económica representa 20% de las prioridades de las microempresas; la desregulación en este tipo de empresas debe acercarse lo más posible a la regulación casi 0. El acceso al crédito constituye 30% de las prioridades de las pequeñas empresas, y sin una eliminación de muchas comisiones bancarias, el aval de la banca de desarrollo y la disminución sustancial de las tasas el financiamiento de las microempresas seguirá constituyendo una utopía. La Cepal, al comparar la política de financiamiento de pymes en América Latina ha sido poco exitosa, ya que además ahora los esfuerzos del mercado van hacia los emprendedores de alto impacto, pero olvidan a este sector de la economía. Aunque sea perfectible, el hecho de que haya interés en la 4T por facilitar el entorno de los micronegocios, siguiendo lo que ya se ha avanzado en la materia, constituye una de las políticas económicas acertadas del actual gobierno, aunque no sea tan rimbombante, como en el resto de los elefantes blancos en los que quiere centrar el desarrollo del sureste.