En el 2018, el presupuesto anual de la Dirección General de Aeronáutica Civil era de 611 millones 489,000 pesos. Para el 2021, la Administración Federal de Aeronautica Civil cuenta con 379 millones 708,000 pesos. En tres años se cambió el nombre del organismo, se adelgazó la estructura y se redujo en 37% el presupuesto.

¿Valió la pena el ahorro? El gobierno consiguió bajar en 232 millones de pesos el gasto anual de este órgano regulador, pero provocó una baja en la categoría por parte de la Administración General de Aviación de Estados Unidos. Esto nos costará mucho más; el Turismo representa 8% del PIB y genera 1 de cada 10 empleos. Como actividad fue muy golpeada por la pandemia, con una caída de 28.4% en el 2020. La degradación de la FAA supone un lastre a la reactivación del sector. El primer golpe lo reciben las aerolíneas mexicanas que pierden flexibilidad y conectividad. De manera indirecta, el trancazo alcanza a todas las actividades: hotelería, restaurantes y comercio en zonas turísticas. Afectación quiere decir empleos perdidos y negocios mermados. El gobierno perderá mucho más que 232 millones de pesos en forma de impuestos no generados.

No sabemos lo que costará la baja en la calificación, entre otras cosas porque desconocemos el tiempo que tardaremos en volver a la primera división. La última vez que esto ocurrió fue en julio del 2010 y el proceso de regreso tardó cuatro meses y una semana. De manera anecdótica, entonces una de las medidas que se tuvieron que hacer fue cambiar la sede de la Dirección General de Aeronáutica Civil. El edificio anterior era insuficiente para albergar los archivos e inadecuado para la instalación de los nuevos equipos de informática.

En la categoría 2 nos encontramos en la compañía de países como Venezuela, Pakistán, Ghana, Malasia y Tailandia. Ninguno de ellos es una potencia turística, con la excepción de Tailandia. Ninguno de estos países depende de Estados Unidos tanto como México. Puede que no nos guste que Big Brother nos ponga orejas de burro, pero en este caso no podemos sino atender sus recomendaciones. Si no lo hacemos rápidamente, los más perjudicados seremos nosotros. Entre más tiempo tardemos en recuperar la categoría 1, es mayor el riesgo de que las aerolíneas de Estados Unidos se coman una porción más grande del pastel del mercado de México y América del Norte.

Volvamos a los ahorros. Todo indica que no sólo se cortó lonja sino también hubo  afectación de los músculos y, quizá, de los órganos vitales. Al frente a de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) se colocó a un exmilitar que no pudo hacer milagros en el contexto de la astringencia presupuestal. El comunicado de la FAA se refiere a deficiencias en la capacidad de regulación y verificación de la AFAC. La autoridad estadounidense hizo 25 observaciones que no fueron solventadas por las autoridades mexicanas. Las carencias observadas incluyen problemas en los procedimientos de inspección relacionadas con temas de seguridad. Ojo: la evaluación no se refiere a problemas de las aerolíneas sino a las capacidades del regulador. Es muy probable que Aeroméxico, Volaris y Viva Aerobus estén haciendo muy bien sus trabajos de mantenimiento y seguridad. 

¿Qué sigue? La respuesta de la SCT derrocha optimismo sobre la posibilidad de recuperar pronto la categoría 1. En un comunicado dice que la inspección de EU se hizo en octubre del 2020, cuando la AFAC operaba con apenas una cuarta parte de su personal. Afirma que ha habido acompañamiento de expertos internacionales para atender los hallazgos identificados por los inspectores estadounidenses. Asegura que las respuestas se enviaron en tiempo y forma, pero reconoce que “un número importante de las evidencias documentales se enviaron en las últimas tres semanas por lo que es posible que los auditores de ese organismo (FAA) pudieran no haber valorado a profundidad y cabalidad esos testimonios”. Duda menor: ¿Por qué enviaron hasta el final toneladas de información? Los que prepararon las respuestas ¿Sabían lo importante que era hacerlo en tiempo y forma? ¿Habrá responsables? ¿Subirán el presupuesto?

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.

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