El suegro lo nombró vicepresidente in pectore y secretario de Estado Emergente (en ausencia de Rex Tillerson). A la media noche de ayer Jared Kushner abordó un vuelo tecolotero de Aeroméxico para reunirse con su amigo, el canciller mexicano, en el piso 22 de la torre de Plaza Juárez, número 20.

Dos motivos empujaron a Jared a abordar el vuelo de Aeroméxico, las investigaciones del FBI sobre su delicado papel protagónico que desempeña como yerno del presidente de Estados Unidos y el box de sombra entre Justin Trudeau y Donald Trump sobre los aranceles de acero y aluminio que hoy formalizará el estadounidense.

La semiótica de un comunicado, redactado por Relaciones Exteriores el martes, reveló que Kushner llegaría a México en calidad de “Enviado del presidente Donald J. Trump”, una categoría informal, pero clave; una visita sin carácter diplomático, pero a la vez estratégica; no institucional, pero sí vital en la relación bilateral.

Sabemos que de un militar acorralado se puede esperar todo. El general John Kelly degradó al yerno de Trump por el incendio detonado por Rob Porter, el director administrativo que fue acusado por sus dos exesposas por haber incurrido en violencia doméstica. De bote pronto, Kelly lo defendió. Lo mismo la entonces directora de Comunicación de la Casa Blanca y novia de Porter, Hope Hicks.

Bajo la estela de #MeToo, Kelly reaccionó y pidió el urgente examen de seguridad a todos los que entran a la zona oeste de la Casa Blanca. Otro general, McMaster, historiador, le entregó un documento de inteligencia a Trump en el que su yerno ha sido foco de “manipulación” de varias naciones, entre ellas México. A partir de ese momento, las agencias de inteligencia marginaron a Kushner del círculo estratégico de Washington.

Presidencia de México trató muy bien a Kushner. En un comunicado describió la múltiple cartera de temas que trató con Enrique Peña. “Discutieron temas de interés mutuo, incluyendo el combate a las organizaciones criminales transnacionales, al tráfico de drogas y al flujo de armas y efectivo entre ambos países (...) temas sobre seguridad fronteriza; migración ordenada y segura, incluyendo un proyecto potencial de programa circular de movilidad para trabajadores agrícolas; el desarrollo en Centroamérica; el fomento a la creación de empleos y la prosperidad compartida a través del comercio justo y recíproco, así como la continuación de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de manera expedita”. En efecto, una cartera presidencial. Objetivo: demostrar que Kushner no ha perdido estatura.

El tema medular de la reunión fue la decisión que el día de hoy oficializará Trump: imposición de aranceles al acero y aluminio. La buena noticia para Canadá y México: exentos por la renegociación del TLCAN.

Trudeau enfureció la semana pasada al conocer la intención de Trump. Chrystia Freeland (ministra de Exteriores canadiense), desde México, sostuvo varias charlas telefónicas con Trudeau. “Si Trump nos impone los aranceles, no tiene caso seguir en el TLCAN”, comenta un funcionario del gobierno de Trudeau. Trump reculó el pasado martes por la noche. Motivo de felicidad para Peña y Videgaray. Habría que mostrar la buena noticia. El viaje en el tecolotero valía la pena. Es el primer gol de México.

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.