Actualmente existen en el mercado inversiones sustentables o responsables que respaldan proyectos sociales o de desarrollo, los cuales provienen de empresas u organizaciones que contribuyen a generar un impacto positivo en la comunidad.

Este concepto propone un cambio de paradigmas en el negocio de administración de inversiones ante la demanda de inversionistas que buscan ajustar sus portafolios a valores éticos.

Adam Smith, en su tratado The Wealth of Nations, publicado en 1776, describió a un panadero que, con el uso de materiales de buena calidad y todas sus habilidades, sería capaz de producir buenos productos a un precio justo, motivado no por el altruismo o la consideración por sus clientes a los que ni siquiera conocía, sino por el beneficio personal, a lo que Smith describió como la “mano invisible” del interés propio.

En la actualidad, ante el acentuado énfasis en el crecimiento responsable, el panadero de Adam Smith no puede pensar sólo en hacer el mejor pan, aunque es fundamental. También hay que considerar el humo de sus hornos. ¿Qué impacto tiene eso en la calidad del aire de sus vecinos? ¿Cuáles son las condiciones de trabajo para los trabajadores que cultivan su trigo o muelen su harina? ¿Y qué puede hacer como propietario de un negocio para mejorar la calidad de vida en su ciudad?

Tomando en cuenta este enfoque, el sector se ha ido adaptando al nuevo ecosistema de mercado, pero sólo en los Estados Unidos; según el Informe 2016 de la Fundación SIF (Sustainable and Responsible Investment) sobre la participación en inversiones sostenibles, responsables o de impacto social a fines del 2015, reportaba que más de 1 de cada 5 dólares bajo gestión profesional, es decir, 8.72 billones, se invirtieron de acuerdo con estas estrategias.

Si bien la inversión socialmente responsable en México no ha avanzado tan rápidamente como en otros países, es un hecho que poco a poco más empresas y entidades financieras han puesto su atención en el tema.

Existen diferentes iniciativas como la de la Bolsa Mexicana de Valores que lanzó en el 2011 el Índice de Sustentabilidad, al cual pertenecen diversas empresas calificadas como “las más sustentables dentro de las más bursátiles”.

Otro ejemplo son los fondos de inversión de responsabilidad social, donde al invertir buscan maximizar los rendimientos ajustados al riesgo y donde parte de las ganancias son dirigidas a organizaciones que administran estos programas de impacto social; esta participación regularmente es acompañada de un incentivo fiscal, lo cual se traduce en invertir de forma socialmente responsable sin sacrificar rendimiento en el proceso. En otras palabras, aplica el mantra de la sostenibilidad: “Hacer bien haciendo el bien”.

En la medida que las generaciones jóvenes se integren al sector, los administradores de fondos se enfrentan a clientes más exigentes al demandar este tipo de productos, ya que las actuales generaciones se caracterizan, entre otras cosas, por la conciencia sobre las consecuencias financieras de sus decisiones económicas. Más allá de que sean sólo buenas intenciones, invertir bajo criterios de orden social, medioambiental o en compañías de buen gobierno corporativo es una tendencia que llegó para quedarse.

El autor es vicepresident Product & Client Servicing en Asset Management BBVA Bancomer.

marcos.neumann@bbva.com