El tamaño del pretexto de los políticos mexicanos para ocultar el fracaso de sus promesas de gobierno es proporcional a sus ambiciones de poder. Es por ello que, de cara a las elecciones del 2018, escuchamos en los medios de comunicación los pretextos más irrisorios y bizarros, aun para un político.

Los aspirantes presidenciales no pueden ocultar su frenesí de poder, aunque sus aspavientos asusten a los electores.

Por ejemplo, el ínclito Dr. Miguel Ángel Mancera, luego de cinco años de mandato, se dio cuenta de que se requieren 10,000 millones de pesos para evitar que las lluvias atípicas inunden la Ciudad de México, que eviten los típicos embotellamientos y las ocasionales, pero bellas, cataratas del Metro. En la capital mexicana hay cientos de motivos para la irritación ciudadana. El Sr. Mancera se ha preocupado más por su afán recaudatorio que por la gobernabilidad y movilidad de la ciudad. Ante los cacicazgos perredistas y la inoperancia del equipo mancerista, Andrés Manuel López Obrador y sus huestes cabalgan en caballo de hacienda para gobernar la ciudad.

La estrategia priista para combatir la corrupción es un monumento al absurdo. Su dirigente nacional, Enrique Ochoa Reza, ha señalado que su partido no descansará hasta que los corruptos terminen en la cárcel. Para esta labor cuenta con el apoyo de los senadores Emilio Gamboa y Pablo Escudero, que cuantas veces han querido le han hecho bullying al comité de participación ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción y de la austeridad del diputado Camacho Quiroz. Sólo falta canonizar a Javier Duarte, pedirle perdón y regresarle su rancho con todo y críos, y de paso hacer un programa de televisión para que se reconcilie con su esposa.

Y no hablemos del ámbito de seguridad, respecto de los cuales las propias autoridades, sobre todo los que se consideran finalistas en la carrera por la presidencial, se quejan de que no se dan abasto porque los criminales se dan vueltas muertos de la risa por la puerta giratoria de la impunidad, provocando corrupción sin límites según nos lo acaba de informar el Inegi. Y las policías, apá.

Los mexicanos deseamos poder salir de nuestras viviendas sin tener que esconder las cosas de valor en el zapato o el brasier. Deseamos seguridad para nuestro patrimonio y viabilidad para los negocios.

Los aspirantes presidenciales no se dan cuenta de que sus pretextos aumentan el hartazgo ciudadano, alejando a los electores de las urnas, o quizá ésa sea la verdadera estrategia.

Twitter: @ErosalesA