Después del éxito de Lost, J.J. Abrams y su productora Bad Robot, se volvieron un referente de la TV y el cine de acción/ciencia-ficción. Abrams, que inició su carrera televisiva con una historia de formación romántica (Felicity), encontró su nicho como una suerte de heredero conceptual de Steven Spielberg para el nuevo milenio.

Abrams fue sumando éxitos (y algunos descalabros) a una filmografía que incluye trabajos de guión, dirección, banda sonora y sobre todo producción. Por él pasan, en televisión, Alias, Fringe, Alcatraz, Person of Interest, Almost human, Roadies y Westworld. En cine dirige una entrega de Misión Imposible y produce otras dos, se apunta el relanzamiento de Star Trek con dos películas, y después el de Star Wars, donde dirige la trilogía completa. Escribe un best-seller conceptual y participa en el desarrollo de videojuegos. Es un tipo muy ocupado.

No todos los conceptos que llevan su nombre funcionan, algunas de esas series se cancelaron después de una temporada, otras nunca despegaron de su premisa inicial. Entre los fans apasionados de Star Trek y Star Wars, hay un debate continuo sobre si Abrams es un innovador o el inicio de la destrucción de sus respectivos universos.

Cuando se anunció su colaboración con el rey del horror Stephen King para la miniserie 11.22.63, muchos se frotaron las manos con anticipación, otros, temían una mala adaptación más de una novela de King.

Mientras el prolífico King es una garantía entre las cubiertas de un libro, cuando su nombre va adosado a un producto en pantalla, más de un escéptico tiene razones de sobra para suspirar,  desde la reciente The Mist para Netflix (considerada por Variety como la peor adaptación de King a la fecha), hasta la penosa primera entrega de The Dark Tower, por mencionar dos de las más recientes.

Sin embargo, generaciones enteras crecieron con Carrie, The Shinning, Misery y Eso en la memoria. Y sólo esos libros (y sus versiones cinematográficas), bastarían para dar un voto de confianza al siguiente intento por traducir sus pesadillas a la pantalla.

La primera colaboración de Abrams y King, sin embargo, fue dispareja. Aplaudida por quienes no pasaron por la novela, despreciada por los que sí lo hicieron. 11.22.63, fue un éxito moderado para Hulu y sentó las bases para una futura colaboración: la ambiciosa Castle Rock (2018).

Castle Rock fue producida para Hulu por King y Abrams; pero creada por Sam Shaw y Dustin Thomason, quienes habían colaborado previamente en Manhattan, una serie sobre la fabricación de la primera bomba atómica.

Quienes estén familiarizados con la obra de King, sabrán que el pequeño poblado de Castle Rock, Maine, es una de sus creaciones y geografía recurrente (su lago, las cabañas para turistas y la prisión de Shawshank, aparecen en más de una veintena de sus libros). Shaw y Thomason se apropian del poblado y de personajes y subtramas que corren a todo lo largo de la obra de King. No se trata de una adaptación de algo escrito por el tío Stevie, sino de una inmersión en su universo creativo.

La intención de sus creadores es palpable desde la secuencia de créditos, un montaje lleno de referencias al rey del terror que también recuerda a la novela de Abrams (S), un libro único lleno de notas a mano, papelitos insertados, fotos rotas, postales y bosquejos a lápiz, que invitan a leer, investigar y descifrar las distintas posibilidades de la historia y un centenar de otros misterios. Es inevitable que la colaboración de ambos esté llena de easter eggs (pequeños homenajes y misterios escondidos para añadir disfrute y significación a los fans).

Páginas subrayadas con notas de La tienda de los deseos malignos. La primera página del capítulo 19 de Salem's Lot (La hora del vampiro). El índice de The Green Mile (Milagros Inesperados). Un mapa de la geografía ficticia del Maine de King, con Castle Rock a 20 millas de Derry y marcada con pluma la isla donde transcurren Dolores Claiborne y La tormenta del siglo. Referencias a El resplandor (aunque no sucede en Maine) y la inclusión en el elenco de Bill Skarsgard (el mismísimo payaso Pennywise de la reciente Eso). Se suceden páginas rotas de Miseria y de Cujo, junto al nombre de Sissy Spacek (cuya carrera despegó con Carrie, 1976). Hay planos de la prisión de Shawshank, y un guiño: la frase escrita a máquina: "All work and no play make Jake a dull boy" que Jack Torrance (Jack Nicholson) teclea una y otra vez en la versión del El resplandor de Stanley Kubrick, pero que King no había puesto en el libro. Citas de "ellos flotan" de Eso, con "¿Quiénes son ellos?" escrito a mano (ellos siendo personajes de La mitad oscura y Secret Window, Secret Garden). El misterioso anotador tacha el número 217 y escribe 237 (sustituyendo el número de cuarto original de The Shinning por el número que usa Kubrick). Los creadores diciéndonos que el universo de King ya se extiende más allá de sus propias creaciones e incluye las versiones de otros.

La secuencia de créditos de Castle Rock, solita, es un ejercicio de referentes y acertijos que nos invitan a sumergirnos al universo, pero también a pensar qué más habrá escondido dentro de los 13 primeros episodios de la serie. De esta, sólo diré que es excelente, espeluznante y que pertenece, sin duda, al universo extendido de Stephen King.

Twitter @rgarciamainou

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).