Ahora que el Profe Osorio puso de moda las rotaciones en la Copa Confederaciones con muy malos resultados, por cierto , los gerentes de las franquicias del PRD, Alejandra Barrales, y PAN, Ricardo Anaya, decidieron emularlo, rotando a sus candidatos presidenciables de sus partidos mediante la creación de un ente llamado Frente Amplio Democrático.

Los cierto es que la ocurrencia del frentista condicionó la agenda política; el mesías de Macuspana se aventó la puntada de destapar a Meade como candidato presidencial, señalando que el sistema jugará con dos contenciones para limitar sus oportunidades de triunfo en el 2018; por un lado, habrá un candidato oficial del PRI; por otro, un candidato oficial del Frente Opositor.

El coach del PRI, Dr. Enrique Ochoa Reza, fiel a su costumbre de reaccionar a destiempo, ni un meme hizo de la estratagema frentista, como que lo tiene sin cuidado, o serán ciertas las aseveraciones de los teóricos del complot, de que ya está pactada la estrategia electoral del 2018 entre el PRIAN, versión ampliada PRD, tal como pasó en el Estado de México con acarreo y fraude incluido. Dicha estrategia requiere de una autoridad electoral tan pusilánime como el Lic. Pedro Zamudio Godínez, no creo que el Dr. Córdova se rebaje tanto.

Los panistas se quejan de que Ricky Anaya, además de fungir como coach de los azules, quiere competir por el puesto. Ambos entrenadores Osorio y Anaya son cuestionados por el mal funcionamiento de los equipos, ambos se defienden diciendo que sus resultados los avalan.

Ni tardos ni perezosos los panistas aceptaron a regañadientes el frente, condicionando la viabilidad del Frente a que sea encabezado por un panista. A algunos panistas más sensatos y fríos que Anaya no les salen las cuentas, señalan que en el FAD el PRD sale ganando.

Por lo pronto, para Anaya la jugada fue buena, le permite salir de la celada que le tendió Margarita Zavala y Moreno Valle.

Al doctor Mancera se le alborotaron las hormonas presidenciales, ilusionándose con ser el Macron mexicano, olvidando la pesadilla en la que convirtió la Ciudad de México: si hace calor, tenemos contingencia; si llueve, nos inundamos; del tráfico y la seguridad, ni hablamos, cada día peor. El señor Mancera sería el peor candidato del Frente opositor. Tiene destruida a la ciudad. Cinco años de obras no le bastan para terminar el deprimido de Mixcoac-Insurgentes.