En el 2017, la producción de aguacate en México fue de 2.02 millones de toneladas, obtenidas de 188,722 hectáreas de un total de 218,493 que fueron establecidas con este cultivo. Durante el periodo 2013-2017, la producción de este fruto se incrementó de 1.3 a 2.02 millones de toneladas y el valor de la producción en el 2017 fue de 39,706 millones de pesos.

No obstante que el cultivo de aguacate en México se realiza en 27 estados, 95% de la producción se concentra en cinco de ellos: Michoacán, 77.1%; Jalisco, 8.3%; México, 5.3%; Nayarit, 2.4%, y Morelos, 1.7 por ciento.

Michoacán es el primer productor y exportador de aguacate en México. La superficie cosechada en el 2017 fue de 142,052 hectáreas con una producción de 1.57 millones de toneladas.

El destino del aguacate michoacano es Estados Unidos, quien acapara 85% de las exportaciones. La producción exportable a este país se obtiene de 134,452 hectáreas establecidas en 40,636 huertos certificados propiedad de 26,234 productores, de ellos, 81% posee menos de cinco hectáreas. La producción primaria de aguacate en Michoacán, presenta  características y oportunidades de mejora entre las que se encuentran:

Fuerte presión de la demanda sobre la producción, lo que indujo a los productores sembrar en zonas no aptas y se obtiene un producto de menor calidad que compite deslealmente en un mercado que no hace diferenciación de precios por calidad. Por otra parte, el incremento de la frontera de producción amenaza la disminución de la superficie boscosa.

Altos costos de producción, provocados  por una baja organización productiva que les limita de acceder a economías de escala, como compra de fertilizantes y agroinsumos, que tienen gran impacto en los costos, y por otra, debido a la ineficiencia de algunos de los procesos de producción.

Certificación parcial de la superficie, lo cual pone en riesgo las exportaciones, sobre todo ante la implementación de leyes más estrictas.

Bajo uso de tecnología, en los huertos se aprecian oportunidades de mejora en el manejo de podas, uso y eficiencia del agua, fertilizantes y pesticidas que permitirían reducir los costos y sus efectos sobre en medio ambiente.

Reducida organización de productores y limitado acceso al financiamiento institucional. Estos dos últimos aspectos tienen como origen una problemática compleja relacionada que tiene que ver con: La falta de figuras asociativas, y una menor rentabilidad del cultivo que limita los canales y el acceso al financiamiento.

*Mario Alberto Raya Cervantes es agente de FIRA en Uruapan. La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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