La estrategia jurídica de Javier Duarte de allanarse al proceso de extradición en Guatemala genera sospechas sobre la eficiencia del sistema judicial mexicano para lograr una sentencia condenatoria y un posible arreglo sus amigos del poder. Queda claro que prefirió ser juzgado por un gobierno priista que por uno de Morena o del PAN.

Hoy llega a México Duarte procedente de Guatemala para ser sometido a la justicia mexicana, coincide con la fecha para poner en marcha el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) y la entrada en vigor de la Ley General de Responsabilidades Administrativas.

El SNA se compone con los órganos federales y los 32 sistemas locales anticorrupción. Éstos deben contar con una estructura y facultades equivalentes al del SNA, tienen para su instalación hasta mañana.

A un día que extinga el plazo, el SNA sólo ha arrojado tristes noticias, falta de presupuesto, exhortos fallidos (caso Pegasus) y nombramientos cuestionados de sus funcionarios. El proyecto más esperado para combatir la corrupción campea entre el descrédito y el olvido.

Trágicamente coincide con el fallecimiento de dos personas en el socavón de libramiento exprés de Cuernavaca, noticia que nos refiere a una serie de hechos de corrupción y falta de transparencia en los procedimientos de licitación y en la calidad de las obras públicas realizadas por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, sumado al tacto de rinoceronte de su titular Gerardo Ruiz Esparza para expresar las condolencias a la familia de los fallecidos.

Aunque hay voces que señalan que Duarte podría quedar libre, ya que el gobernador Yunes, en su afán protagónico, más que integrar una carpeta de investigación se dedicó a armar un circo mediático, el destino del señor Duarte es la prisión, su estrategia más que encaminada a lograr su libertad se enfoca a conservar su fortuna, divorcio incluido.

Ni en el más bizarro de los guiones de Hollywood se imaginan una sentencia que lo libere, la fecha para cortar su cabeza depende de los tiempos electorales y de los beneficios que aporte a sus antiguos aliados, incluyendo la posibilidad que exhiba pruebas sobre el apoyo a AMLO en Veracruz.

El monstruo Duarte servirá hasta el último momento al sistema que lo creó. En el caso Duarte no habrá final feliz.