Es muy triste que las personas contraten productos financieros de los que no tienen ni la menor idea de cómo funcionan. Por ejemplo, aquellos que meten su dinero en fondos de inversión de largo plazo y luego se sorprenden si presentan minusvalías durante algunas semanas. Pero también quienes contratan el crédito automotriz que les ofreció el vendedor del auto, sin fijarse en la tasa de interés, por no decir otras condiciones, como si incluye o no un seguro de desempleo y bajo qué condiciones opera. O quienes compran un seguro comparando únicamente la prima y no las coberturas o el servicio de la compañía aseguradora que lo ofrece.

Podría decir con toda certeza que casi todas las malas experiencias se dan precisamente por hacer eso: por no saber lo que estamos comprando. Por hacerlo “a ciegas” o simplemente por confiar en la persona que nos lo vendió.

Por eso, es tan importante la educación financiera, tener un conocimiento básico sobre cómo funcionan, en general, los créditos, los instrumentos de inversión o los seguros. Mucha gente les tiene miedo, porque escucha a veces palabras rimbombantes, pero la realidad es que es muy sencillo. Es más, algunos de los problemas de matemáticas que los niños resuelven en primaria tienen que ver con estos conceptos, por lo cual muchos de nosotros ya los tenemos.

Lo primero que tenemos que tener claro, en todos los casos, es que hay un contrato de por medio que expresa claramente a qué se obliga cada una de las partes. Frecuentemente recibo quejas de personas: “es que el banco me cobra lo que quiere”, “pagué una mensualidad extra, pero me siguen cobrando lo mismo”, “me renovaron la inversión sin mi consentimiento” o “me robaron el auto y no estoy de acuerdo con lo que me está pagando la aseguradora”.

Las instituciones no hacen lo que quieren y no operan así. Por el contrario, tienen que apegarse específicamente al contrato que tienen celebrado con el cliente. Todas esas frases se dan porque la gente no sabe ni lo que contrató, ni cómo funciona. Así de sencillo.

Hay muchos ejemplos, pero me quiero concentrar en uno de ellos: un crédito de cualquier tipo. Es relevante conocer las condiciones del mismo, por ejemplo:

-El plazo (o bien, saber si es un crédito revolvente, sin un plazo determinado, como una tarjeta de crédito).

-La tasa de interés anual y si es fija o variable.

-¿Cómo se calculan los intereses? La enorme mayoría de los préstamos cobran intereses sobre saldos insolutos (es decir, sobre el monto que debemos después de nuestro último pago). Entender esto es fundamental porque así podemos saber qué pasa si hacemos pagos adicionales o anticipados.

- Hablando de ello, hay créditos que no permiten pagos adicionales, o bien, que requieren un monto mínimo para aceptarlas o incluso los que cobran una penalización por pago anticipado. ¿Qué condiciones tiene ese préstamo?

- En caso de pago anticipado o adicional, ¿Se disminuye el plazo o la mensualidad? En algunos casos, es a elección del cliente (siempre es mejor disminución de plazo, no de mensualidad, eso se tiene claro cuando uno comprende cómo se calculan los intereses).

- ¿Qué comisiones adicionales tendríamos que pagar?

- ¿Qué podría pasar si nos retrasamos o dejamos de pagar?

- ¿Qué seguros incluye y cómo funcionan?, ¿qué requisitos habría en caso de que lo tengamos que ocupar?

Pero a veces se combinan los productos financieros. Por ejemplo, si uno contrata un crédito de auto, la financiera pide asegurar la unidad. Mucha gente no lo sabe, pero no está obligado a aceptar el seguro que le ofrece la financiera: puede comprar el que más le convenga, porque la ley prohíbe las ventas atadas. Entonces, siempre tiene opción de comparar y la financiera la obligación de aceptarle otra póliza de seguro que cubra los requisitos (usualmente un endoso de beneficiario preferente a favor de dicha empresa).

Ahora bien, independientemente de esto, aun si se contrata el seguro que ofrece la empresa que otorga el préstamo, hay que comprender que la póliza es un contrato separado, celebrado por la aseguradora, que tiene sus propias condiciones.

Demasiada gente se confunde y piensa que el seguro es parte de su crédito, cuando no es así. Es —repito— un contrato completamente independiente, aun si uno paga el seguro dentro de la mensualidad.

Hay que entender, por ejemplo, qué pasa si el auto es pérdida total, porque en ocasiones (sobre todo cuando empieza el segundo año), el valor asegurado de la unidad puede ser menor que el saldo insoluto del crédito (sobre todo si uno puso un enganche pequeño). Esto se da porque la mayoría de los seguros (no todos) pagan el valor comercial de la misma al momento del siniestro, menos el deducible correspondiente. Entonces, puede ser que uno todavía salga debiendo.

¿La aseguradora o la financiera lo están engañando? No, simplemente la aseguradora paga lo que está obligada a pagar de acuerdo a lo que cubre la póliza. La financiera, por otro lado, ha aplicado los intereses y las mensualidades que uno ha pagado, tal cual como dice el contrato del crédito.

Por eso es tan importante conocer lo que uno está comprando o contratando.

Te invito a visitar mi página: http://www.PlaneaTusFinanzas.com, el lugar para hablar y reflexionar sobre finanzas personales. Twitter: @planea_finanzas

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com