Es importante entender que estas acciones nos ayudan a encontrar un balance entre el objetivo de nuestra inversión y el riesgo que podamos aceptar.

hoy en día existen muchísimos productos de inversión: fondos, bonos, acciones locales e internacionales, instrumentos offshore, futuros, opciones, notas estructuradas, seguros de inversión, commodities, criptomonedas, entre otros.

Con tal variedad, es muy fácil que incluso inversionistas con cierta experiencia se confundan y tengan problemas a la hora de     escoger en cuáles invertir. Por eso tanta gente me contacta para preguntarme, precisamente, cómo o en qué invertir su dinero.

Sucede mucho, en nuestro país, que la gente busca “la mejor inversión” que les sacará de todos sus problemas financieros, como si se tratara de escoger cuál tendrá un buen desempeño. La verdad es que nadie lo sabe, ni los expertos, por la simple razón de que el entorno cambia todos los días. Lo vivimos ayer en nuestro país: renunció el secretario de Hacienda (nadie lo esperaba) y eso tuvo un impacto en los mercados, aunque después se calmaron dado que el gobierno anunció de inmediato a su sucesor. Pero como esta noticia, hay muchas otras en todos los países, todos los días, que tienen mayor o menor impacto.

Entonces, la verdad es que ni los mejores inversionistas del mundo pueden saber si hoy es mejor invertir en acciones de empresas asiáticas, o norteamericanas. Porque muchas cosas pueden pasar en el camino. Entonces, diversifican: invierten en ambas (y en más tipos de activo). Lo que sí pueden hacer, con base en el análisis del entorno actual y los distintos escenarios que podrían presentarse, es buscar a cuáles dar más peso en su portafolio.

Sin embargo, para el inversionista promedio, que invierte a largo plazo (por ejemplo, para su retiro), los estudios han demostrado que la correcta asignación de activos es determinante para el éxito o el fracaso en ese horizonte: 91.5% de los rendimientos que uno obtiene está determinado por la asignación de activos (qué porcentaje de su dinero invierte uno en bonos, en acciones de México, en acciones de otros países, en commodities, en bienes raíces y en otros). En otras palabras, cómo uno construye su portafolio es fundamental.

Es importante entender algo que sucede todo el tiempo: todos los tipos de activos se desempeñan de manera distinta, cada año. Además, siempre son distintos: un año les va mejor a los bonos, otro a las acciones de mercados emergentes, otro al oro, y así sucesivamente. Uno nunca sabe cuál tendrá un mejor desempeño ni tampoco vale la pena perseguir rendimientos, porque uno corre mayores riesgos.

De hecho, la asignación de activos nos ayuda a encontrar un balance entre el objetivo de nuestra inversión y el riesgo que podemos aceptar. Esto es fundamental porque se trata de no ponernos nerviosos cuando las cosas van mal, lo que nos puede orillar a tomar malas decisiones. Controlar nuestro riesgo siempre es el primer paso: construir un portafolio que tenga la volatilidad que podamos tolerar y no más. Luego nos ocupamos de maximizar el rendimiento potencial, para ese nivel de riesgo que queremos tomar.

Como ejemplo: todos sabemos que las acciones tienen un mayor rendimiento potencial que los instrumentos de deuda de corto plazo. Pero también son mucho más volátiles. Entonces podemos buscar una combinación ideal, una mezcla entre esos dos activos, que controle esa volatilidad y la mantenga en niveles que nos hagan sentir cómodos, pero que también nos puedan dar un rendimiento adecuado.

Pero ésos no son los únicos tipos de instrumentos: hay muchos otros, como mencioné en un principio. Combinarlos adecuadamente es un arte. ¿Hay que invertir en todos? No, pero sí en los principales, en los más representativos. Por ejemplo, no pasa nada si no tenemos futuros y opciones en nuestro portafolio, porque la función principal de estos instrumentos es ayudarnos a manejar el riesgo del mismo, no para especular con ellos. Pero sí debemos incluir bonos y acciones de México y de otros países del mundo (para invertir también en las empresas más exitosas del mundo y no sólo de nuestro país). También vale la pena tener bienes raíces (a través de fibras, por ejemplo), por sus características. Podríamos incluir commodities como el oro, si es que tiene sentido para nuestro portafolio. Yo añadiría criptomonedas, para gente con alta tolerancia al riesgo, en una pequeña proporción: son muy volátiles y muchas no sobrevivirán (riesgo alto) pero a la vez representan tecnología que cambiará el mundo (un muy alto rendimiento potencial para aquellas que logren ser exitosas).

¿En qué proporción? Esto sí depende de cada quien: de nuestro horizonte de inversión y sobre todo, nuestra tolerancia al riesgo, que es determinante.

Finalmente, es importante mencionar que dado que cada clase de activo tiene un desempeño distinto (unos suben, otros bajan), los movimientos naturales del mercado cambiarán la composición de nuestro portafolio y con ello el riesgo que asumimos. Por eso es importante que al menos una vez al año, lo revisemos y hagamos los ajustes necesarios para regresarlo a sus proporciones originales. Esto se llama hacer un rebalanceo.

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JoanLanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com