Cada cuatro años en México se discute y analiza, casi siempre con poca información, cuál es el resultado electoral de Estados Unidos (EU) que más conviene a nuestro país.

Por un lado, hay quienes simplifican y creen que el hecho de que los gobiernos republicanos tradicionalmente tuvieron una visión más intervencionista y conservadora en el pasado, hace pensar que los presidentes emanados de ese partido aplicarán políticas negativas para nuestro país. Creyendo, por el contrario, que un presidente demócrata (típicamente de posiciones más liberales), resulta más benéfico para nuestro país.

En otro tipo de análisis, existen quienes tratan de analizar las posiciones de ciertos aspectos de política de los diferentes partidos, para tratar de comprender cuál sería el que más convendría a los intereses de nuestro país.

En este sentido, con frecuencia se piensa, usualmente no sin razón, que los gobiernos demócratas tienden a tener sólidos intereses y vínculos con agrupaciones como los sindicatos, que normalmente favorecen posturas contrarias a algunos de los intereses de nuestro país. En ese sentido, por ejemplo, históricamente los gobiernos republicanos habían sido más favorecedores del libre comercio y consecuentemente habían tenido una actitud más favorable hacia nuestro país, particularmente a partir de que México se orientó hacia el sector exportador como el motor fundamental de crecimiento económico. En otros temas en los que los gobiernos demócratas tienden a tener mas confrontaciones con ciertas políticas y gobiernos en México están relacionadas con derechos humanos y temas ambientales.

Este paradigma, sin embargo, en gran medida se modificó desde la última elección presidencial, cuando, por primera vez en muchas décadas se tuvo presidente republicano, que no comulgaba directamente con la visión de mayor libertad al comercio internacional y abiertamente proteccionista, así como aliado de facto de posiciones proteccionistas sindicales de EU. El presidente Trump se ha mostrado en muchos sentidos más proteccionista de lo que nunca fue algún gobierno demócrata. Asimismo, el discurso beligerante del actual presidente estadounidense hacia los migrantes generó una directa confrontación y ataque hacia México, a sus habitantes e indirectamente sus instituciones; razón por la cual casi siempre se piensa que la presidencia de Trump no es favorable para los intereses de México.

La realidad es que, como cualquier tema complejo, las simplificaciones rara vez muestran la verdad. La mayoría de los presidentes estadounidenses determinan su agenda, en el mejor de los casos alrededor de proyectos específicos que le son relevantes (coyuntural o estratégicamente). Pero siempre están acotados por las visiones e intereses de los grupos políticos y de interés que los apoyaron para llegar a la presidencia.

Lo que sí nos afecta de un presidente estadounidense es la capacidad que éste tenga para generar certidumbre en las reglas del juego internacionales (en mercados financieros y comerciales) y, sobre todo, la posible trayectoria de crecimiento económico que sus políticas tengan para ese país.

Existe una evidente correlación entre el crecimiento del Producto Interno Bruto estadounidense y el de nuestro país. El presidente de EU que más le conviene a México es aquel con el que tengas reglas claras y procesos institucionales para dirimir las diferencias; que nos vea como un genuino socio comercial relevante, más que como un tema de agenda política hacia sus clientelas locales y que impulse un crecimiento económico que favorezca a su vez el crecimiento de nuestro país.

raul@martinezsolares.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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