El gran problema de prohibir toda la subcontratación de personal es que ello supondría serias afectaciones a la economía y al empleo.

A lo largo de la semana pasada, corrieron noticias, declaraciones y argumentos en torno a la iniciativa que el Ejecutivo Federal anunció para prohibir la subcontratación de personal. En un ambiente de polémica, las opiniones están tajantemente divididas entre quienes desean acabar con todo el outsourcing y los que condenan estos intentos. En este artículo quisiera romper con la polarización que lamentablemente divide al país y hacer un llamado a la sensatez en materia de tercerización laboral.

Es claro que por parte de muchos sectores de la sociedad existe un enorme y justificado encono contra quienes han cometido abusos laborales, sobre todo, en un país que, como México, arrastra males como la pobreza, la desigualdad, la precarización y la falta de oportunidades. La semana pasada se cumplieron 110 años de la Revolución Mexicana y, al mirar al país, pareciera que muchas de aquellas demandas permanecen vigentes.

En este sentido, acabar con las malas prácticas laborales y fiscales es una necesidad urgente. Mucho se ha adelantado mediante la creación del grupo interinstitucional de vigilancia que integran distintas dependencias del Poder Ejecutivo, capaz de hacer inspecciones y cruzar datos entre la Secretaría del Trabajo, el Seguro Social, la Secretaría de Hacienda, el Infonavit, la Procuraduría Fiscal y la Unidad de Inteligencia Financiera.

Sin embargo, no es suficiente. Por este motivo, en distintos parlamentos abiertos y mesas de alto nivel llevados a cabo, tanto en la Cámara de Senadores como en la de Diputados, se acordó la creación de un padrón nacional de empresas de subcontratación, que supervisara y transparentara rigurosamente a quienes se dedican a la tercerización. De ese modo se podía garantizar la competencia justa, la legalidad y, sobre todo, la protección de los derechos de los trabajadores.

En mi opinión, esta vigilancia no debería ser exclusiva del outsourcing, ya que los abusos como la facturación falsa, la elusión fiscal y el subregistro de empleados ante el Seguro Social ocurren también, y con más frecuencia, en la contratación ordinaria o por medio de grupos sindicales. Los comportamientos laborales ilícitos están ampliamente difundidos y las autoridades deberían combatirlos en todos los frentes, no sólo en la tercerización.

Por otra parte, el gran problema de prohibir toda la subcontratación de personal es que ello supondría serias afectaciones a la economía y al empleo, de tal suerte que se perjudicaría gravemente a quienes se busca defender: los trabajadores. Cálculos de TallentiaMX estiman que alrededor de 5 millones de empleos formales correrían riesgo de perderse. Va a salir peor el remedio que la enfermedad.

Además, es muy imprudente hacer dichas modificaciones en este momento, cuando el planeta entero está atravesando la peor crisis sanitaria, económica y laboral de la historia reciente. Se han perdido millones de empleos, han cerrado miles de empresas y es muy probable que tengamos que hacer una segunda Jornada Nacional de Sana Distancia. ¿Por qué hacer precisamente ahora un cambio legal que pondrá en riesgo la viabilidad de muchas empresas, que va a dificultar las actividades de cadenas productivas internacionales y que habrá de generar mayores índices de desempleo e informalidad?

Sobre todo, debe tomarse en cuenta que para erradicar los malos comportamientos y proteger a la gente, bastaría con que las autoridades vigilaran, con que los legisladores regularan y con que los empresarios llegaran a acuerdos para favorecer la legalidad y la transparencia.

Vivimos en un país y en una época en que la sociedad está dividida. Pero, en el fondo, estamos juntos. Cerremos filas para acabar con las prácticas ilegales, ofrecer empleos formales, salir adelante de la crisis, ayudar a las empresas, promover la inversión, fortalecer cadenas productivas internacionales, modernizar nuestra estructura laboral... No prohibamos, regulemos en materia de subcontratación. No restemos. Sumemos.

*El autor es director general de TallentiaMX.